• Diario 5 -Buenos Aires, miércoles 22 de septiembre de 2021

Mas de doscientos damnificados

PorMarcelo Zanotti

Abr 12, 2021

Por estas horas, todos los medios de comunicación lo nombran. Se murió y es noticia. Nosotros no vamos a homenajearlo, ni a exaltar su personalidad o su condición de gran profesional. Menos aún sus dotes como «compañero». Omitiremos un obituario que lo encaje como una celebridad destacada. Pero aunque su nombre no lo es tanto, su seudónimo es muy conocido.

Siempre existe una verdad detrás de la palabra que llega a ser masiva. Y él sintió tanta atracción por esa palabra que jamás le entregó el valor correspondiente a aquello que, como decimos, estaba detrás.

En 1984, Alejandro Romay lo llamó para contarle que lo tenía en cuenta por si ganaba la licitación de LR3 Radio Belgrano, en su afán de revivir la antigua «Radio Libertad» . El plan parecía ponerlo al frente del informativo. El grupo de Romay, efectivamente, ganó y lo contrató. Y se hizo cargo del departamento prometido. Pero no como un gerente que coordinaba una estructura de noticias, sino todo lo contrario. Su función fue plantarse como un tirano caprichoso que exigía producciones inadmisibles a los miembros de una planta periodística aceitada y eficiente. Nunca había sido un informativo de excesivo personal, pero para los nuevos dueños, parece que sí y habían encontrado el agente que los iba a espantar.

El protagonista de esta historia no tuvo ningún reparo en cumplir la función de buscar enloquecer a los miembros del informativo de Radio Belgrano en la primera etapa del romaísmo, en Uruguay 1237, en 1985, antes de que el zar de la tele mudara la emisora a su propio edificio de Rivadavia 825 y pasara denominarla Radio Libertad.

Hubo mujeres periodistas jóvenes que no aguantaron tener que irse todos los días llorando a sus casas, humilladas, vapuleadas e insultadas por este energúmeno. Renunciaron. El muy canalla iba cumpliendo con el plan de la emisora recién privatizada, de conseguir renuncias para evitar una acumulación de indemnizaciones.

El tipo era un periodista con muchos años de reconocimiento como relator de fútbol e ingresaba en la etapa que desde algunos altos picos del gran poder económico de la Argentina, le habían prometido que le llegaría. Era un plan de poder propio. Un sueño -ya, para entonces- bien alcanzable, dado su fluido acceso al entonces presidenciable Carlos Saúl Menem.

1989. Menem ya es presidente y al gran depredador de los medios de comunicación le dan la Gerencia de Noticias de ATC, Hoy la TVP. La comadreja en el gallinero, con sillón y servidumbre. El descalabro moral que generó ese hombre en el canal oficial, mientras que -en simultáneo- disfrutaba de las mieles de haberse convertido en un periodista de altísima influencia desde la pantalla- es recordado como una bisagra definitiva hacia una debacle irrecuperable. Como, en este caso, su cargo era en el Estado, ya el objetivo no recaía en la planificación de maltratar a los subalternos con la intención de que abandonen el cargo. En 1991, desde la gerencia de contrataciones llegaron a la conclusión de que el fulano había entrado en la variante del sadismo per sé.

El tercer gran imperio que le confiaron, fue Radio Rivadavia. Ahí varios que teníamos trabajo de suplentes tuvimos que soportarlo. No había amainado en nada aquella facilidad de desplegar alas de águila carroñera, a lo que se le sumó la intención de encarrilar a su hijo -que se desempeñaba como periodista allí mismo- hacia una carrera «importante». A lo que estaba llegando tarde en ese deseo, era a procurar ayudarlo a que la carrera sea «digna». Consiguió su objetivo, ya que el aún joven periodista, que se defiende bien, como tantos en la profesión, prefiere no poner la lupa en los métodos éticos de su padre.

En 2010, hubo un caso de levante fracasado (nadie denunció el acoso) por parte de un conductor multihorario a una locutora del staff del emperador. La jefa del informativo, nombrada en ese cargo por ser la entonces novia del heredero de su apellido artístico, estaba enterada de lo ocurrido. El conductor en cuestión -alto chanta, mensajero de «los valores de la familia, de la patria y de la amistad»- convenció a nuestro personaje de que la locutora era un factor de complicaciones para la transmisión y otros bla bla. Para el «Grande Jefe», que venía de unos cuatro meses sin echar a nadie, fue como refrescarse con agüita de manantial para ponerse al día. El esposo de la compañera también trabajaba en la emisora. No se lo volvió a convocar, por las dudas.

Todo lo que hizo en los medios estuvo teñido de sus intereses. Desde sus gerenciamientos hasta los horrores éticos por obtener mayor puntaje de audiencia televisiva.

¿En qué consiste la diferencia con la despedida respetuosa que se le hace desde la TV? En que estamos hablando de un jerarco-clasista patológico. Su personalidad era encantadora entre sus «pares». Sus pares podían ubicarse en su nivel económico, su nivel de popularidad o su nivel de contactos. Bellísimo comportamiento. Un sol. Pero si le dabas poder de mando, lejos de los micrófonos y las cámaras, era un hombre peligroso. A le habría importado si sus formas despreciativas, sus desplantes o sus burlas hubieran quedado en alguna versión de la tantas veces repetida jefatura a cargo de un lunático. El problema es que éste siempre iba más lejos. Allí, donde se olía que podía desprenderse de alguien con quien no hacía química, tarde o temprano sucedía.

Siempre se imponía ante los dueños o autoridades máximas de los medios en los que trabajó, vendiéndoles que «el talento que él desplegaba» requería de libertad para conseguir que los equipos de trabajo fueran «proactivos». Una vez que esa subjetiva premisa dejaba paralizado al directorio, el tipo se transformaba, perversamente en el dueño de la continuidad de la fuente de trabajo de todo aquél que integrara un equipo a su cargo e incluso fuera de su área de influencia. Amaba probar el alcance de su poder. Hay poca gente así.

Había sido un relator de fútbol que nos gustaba, prácticamente a todos. Pero l-entre otros disvalores- la codicia, que no siempre deja resultados horribles, en él sí lo hizo. Ejerció en medios de comunicación tres gerencias nefastas, que perjudicaron, a través de 35 años, a más de doscientas personas.

Saludos a Pepe.

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