• Diario 5 -Buenos Aires, lunes 27 de abril de 2026

Auditorio con gran asistencia de público durante el lanzamiento de la capacitación de Asistentes Personales para la Vida Independiente, con expositoras en el escenario y pantalla del programa al fondo.

La capacitación de estos profesionales para la vida independiente pone sobre la mesa un tema que obliga a repensar cómo la sociedad acompaña a las personas con discapacidad en su vida cotidiana. La figura del asistente personal, que en muchos países ya está consolidada, podría implicar cambio de paradigma.

El cambio podría -y, quizás, debería- ser pragmático sin esmerilar nuestro criterio moral.

¿Por qué?

Dejar atrás el modelo asistencialista y avanzar hacia un enfoque de derechos, donde la autonomía y la autodeterminación no son un lujo, sino un principio básico es un ideal que no todos alcanzaríamos a comprender en un par de clases o una práctica de trabajo con alguien, por ejemplo, en silla de ruedas y con inconvenientes de comunicación.

Encontrar lo mejor de cada persona con discapacidad requiere de preparación, paciencia y empatía por parte de quien está a su lado ayudarlo a conseguir objetivos.

Entonces, que más de 500 personas se hayan inscripto en esta formación resulta la evidencia de una demanda real y de un interés creciente en profesionalizar un rol que, en la práctica, puede marcar la diferencia entre la dependencia y la posibilidad de elegir. Alcanzar el ámbito académico y plasmar la formación en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA sella el marco de legitimidad que se necesitaba para esta disciplina que se pone rumbo a la profesionalización.

Ahora, el debate sube de categoría para dar paso a preguntas de relevancia que antes no parecían ser formuladas: ¿Cómo se garantiza que estos apoyos lleguen efectivamente a quienes los necesitan? ¿Qué condiciones laborales tendrán quienes se formen como asistentes personales? ¿Cómo se articula este modelo con un sistema de salud y de cuidados que todavía arrastra desigualdades profundas?

Tendremos nuevos profesionales en actividades que los necesitan.

Y hay muchas personas con vocación para estar ahí.

¿Qué duda cabe que la asistencia personal es una herramienta ultra necesaria para que las personas con discapacidad puedan decidir sobre su vida, participar en la comunidad y ejercer sus derechos en igualdad de condiciones?

Por supuesto, la capacitación es el primer gran paso. Ahora, mucho cuidado con cómo actuamos. Sí, todos. Ya es conocida la importancia de que las carreras motorizadas por la solidaridad de los estudiantes, requieren de prácticas concretas y pueda forzarse un cambio cultural que deje de ver la discapacidad como un problema individual. Sabemos también que cuando se pretendió hacernos entender que se trata de una cuestión de derechos colectivos, hubo suciedad y manipulación estatal que despertó sospechas y resquemores. Para que funcione de manera aceitada, los impulsos de cualquier gobierno referidos a políticas solidarias deben ser transparentes y sostenidos. Es común que a las carreras nuevas se le haga difícil el camino para salir del margen y convertirse en parte de la vida cotidiana. Por eso, si logran ser bien financiadas, conseguir estabilidad y tener reconocimiento social, se integrarán al universo educativo en pocos años.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *