
Entendiendo que la matemática en el jardín no necesita pantallas ni aplicaciones y que se sostiene en el juego, en la imaginación y en la capacidad de los chicos para resolver problemas con ingenio, hay gran aceptación con la distribución en las salas de 4 y 5 años de la Ciudad, de cajas con juegos para enseñar números, formas y medidas desde la experiencia cotidiana, creados por maestras jardineras.
Ya el uso de los adminículos no digitales genera puntos.
La iniciativa surgió de prácticas donde los docentes inventaron dinámicas para que los chicos aprendieran a contar, comparar cantidades o anticipar resultados. Esos juegos se recopilaron y se transformaron en un recurso que ahora circula en más de mil jardines. Cada caja incluye 17 propuestas, cuadernillos y fichas para que las familias puedan continuar en casa. Ejemplos como “La Heladería” o “¡Qué chiquero!” muestran que la matemática puede ser divertida y desafiante sin necesidad de recurrir a dispositivos digitales.
Podríamos asegurar que el valor está en la co-creación , donde los materiales nacen de la experiencia real de las maestras y se adaptan a aulas heterogéneas.
El personaje del Matemago, diseñado por una docente y sus alumnos, es prueba de que la pedagogía puede ser también un acto creativo. El objetivo es fortalecer el tránsito entre el jardín y la primaria. La idea es buena porque vuelve a las fuentes. Decenas de técnicas educativas modernas construidas en el juego y en la resolución de problemas resultaron en bases sólidas para diversos aprendizajes.
La distribución alcanza a instituciones estatales y privadas, con miles de cuadernillos impresos. Por supuesto que hay recursos digitales que acompañan, pero el corazón de la propuesta es el juego analógico, el ingenio compartido entre chicos y docentes. Siempre la matemática, desde el inicio, se comprendió mejor cuando un chico disfruta de los elementos que acompañan el aprendizaje.



















































