
Los incendios forestales que arrasan España y Francia son una advertencia que Argentina no puede ignorar. Europa vive olas de calor inéditas, suelos secos durante meses y vientos cambiantes que convierten cualquier chispa en catástrofe. En Burdeos se habló incluso de “tormenta de fuego”, un fenómeno devastador que escapa a todo control.
No es novedad ni sorpresa que en la Argentina enfrentamos condiciones similares. Es importante que dejemos de actuar como el avestruz, metiendo la cabeza en la tierra para evitar ver el peligro.
El Servicio Meteorológico Nacional ya advirtió que 16 provincias estarán en riesgo extremo durante el próximo verano. La sequía prolongada, las temperaturas récord y los vientos fuertes son un cóctel explosivo. En enero de este año, los incendios en Chubut, La Pampa y Río Negro consumieron más de 230.000 hectáreas, la peor catástrofe natural en dos décadas en la Patagonia.
La comparación es inevitable:
| Aspecto | España/Francia | Argentina (verano 2026) |
|---|---|---|
| Superficie quemada | 100.000 ha en España, 98.000 ha en Francia | 230.000 ha en Patagonia y centro del país |
| Evacuados | +285.000 personas | +5.000 personas en Chubut y Río Negro |
| Factores | Olas de calor, sequía, viento | Sequía, altas temperaturas, intencionalidad/negligencia |
| Riesgo futuro | Europa: segundo año con mayor superficie quemada en 20 años | SMN: 16 provincias en riesgo extremo |
¿Debería preocuparnos?
Hay personas que no pueden concebir que todavía nos podamos hacer una pregunta semejante.
Sí, obviamente.
No podemos soslayar que lo que ocurre en Europa es pasible de convertirse en un espejo de lo que puede suceder aquí, si no se refuerzan las políticas de prevención y respuesta. Como en tantísimos aspectos donde es necesario tratar a la fuerza de la naturaleza con respeto, la diferencia entre catástrofe y control siempre depende de la preparación.
La Argentina necesita más brigadistas, aviones hidrantes y bases operativas en zonas críticas. Faltan campañas de concientización para prohibir fogatas y quemas rurales. Falta una Ley de Emergencia Ígnea que permita recursos extraordinarios y coordinación federal. A nadie se le ocurre apelar a una educación ciudadana que procure reducir negligencias y enseñe a denunciar focos tempranos.
No estaría nada mal comprender que los incendios europeos no deben ser tomados como un fenómeno lejano. Más bien le cabe el rótulo de Advertencia Global. Si ya nos vienen anticipando que en la Argentina se acerca a un verano de riesgo extremo, todo lo que hay que hacer está en nosotros.
¿Estamos preparados?
¿Podemos entender que la prevención es la única barrera entre el desastre y la protección de nuestros bosques, pueblos y vidas?
Vos hacés cada pregunta, Rubí…









