
El Teatro Colón estrena Principio de éxtasis, un ballet inspirado en El Aleph de Jorge Luis Borges. La obra se presenta hasta el 20 de septiembre con su Ballet Estable. El proyecto se concretó con la dirección de Julio Bocca, con la participación del coreógrafo español Goyo Montero y música original de Gustavo Santaolalla.
La puesta incluye diseño sonoro de Owen Belton, creación visual de Eduardo Basualdo, escenografía y vestuario de Mariana Tirantte, iluminación de Nicolás Fischtel y reposición coreográfica de Igor Vieria. Ricardo Darín aporta su voz en off con fragmentos de El Aleph y poemas de Borges.
El ballet se organiza en dos actos y propone una aproximación abstracta al universo borgeano. Montero explicó que la obra busca que cada espectador encuentre su propio Aleph, sin pretender una interpretación definitiva. Santaolalla, con experiencia previa en proyectos de danza y musicales, destacó la potencia de la colaboración artística y técnica.
El cronograma de funciones incluye presentaciones el viernes 11, martes 15, miércoles 16, jueves 17, viernes 18 y sábado 19 de septiembre a las 20.00, y los domingos 13 y 20 a las 17.00.









NADA ES IMPOSIBLE
Por Indiana Artan
Aparte de la ambición de llevar a Borges al escenario del Colón, Principio de éxtasis gana en atractivo por la constelación de artistas que se cruzan en este proyecto. Julio Bocca, símbolo de virtuosismo individual, plantado como director, empujando al Ballet Estable hacia un lenguaje del siglo XXI. Gustavo Santaolalla, con experiencia en componer para danza. Y la voz de Ricardo Darín, reconocible para cualquier espectador argentino, narrador invisible con sensación de pertenencia para todos. Todos, trabajando sobre un universo literario que parecía imposible de coreografiar y conectando tradición con experimentación.
¿La obra funciona como un puente entre disciplinas?
Borges, que desconfiaba del teatro y prefería la literatura como espacio de infinitas interpretaciones, se convierte aquí en materia de movimiento. Decía: «El teatro es el arte en el que alguien finge lo que no es, y hay otro, que es el espectador, que finge que se lo cree«. Independientemente de si estamos de acuerdo o no, una genialidad.
¿Es un riesgo adaptar a Borges?
Siempre lo es. Pero también es una apuesta por mostrar que la danza puede dialogar con la abstracción y la filosofía.
Por supuesto que arribamoos al recuerdo inevitable de Oscar Araiz, -con quien, justamente, trabajó Santaolalla en los setenta- porque fue pionero en vincular música popular con ballet. Nos queda la sensación de que cada generación necesita su propia manera de leer a Borges.
Salud!
Nos gusta brindar por cualquier «reinvento» que valga culturalmente la pena.
