• Diario 5 -Buenos Aires, lunes 16 de febrero de 2026

Una de tantas situaciones en las que la indignidad política encuentra su oportunidad.

Los flashes apuntan a los candidatos «testimoniales». Todos discutimos. Todos sabemos que hay un agujero ético imposible de rellenar. Pues, señor director, todavía hay más!

Hay otros que se mantienen en las sombras, esperando el momento de asumir sin haber enfrentado, unos pocos minutos de juicio público. Son los verdaderos beneficiarios de esta maniobra: nombres desconocidos, sin una clara trayectoria visible y muchas veces sin trayectoria, que llegarán a ocupar bancas provinciales, gracias al inmoral arrastre de figuras relativamente «populares» que les pedirán el voto a sus seguidores y ni siquiera piensan asumir.

Estos personajes- aunque, sin lámpara que los enfoque y menos aún luz propia- se montan como adornos colgantes de la imagen ajena cual parásitos del sistema. Ellos representan una moderna forma peligrosamente corrosiva de la política: aceptan ser parte de una estrategia engañosa, obvian mostrar el menor gesto de dignidad y saben que en el futuro no tendrán poder de decisión en las filas de su grupo partidario. No dan entrevistas, jamás explican sus propuestas y, menos que menos, participan de debates de alta exposición ciudadana.

Estas garrapatas esperan, con no poco nivel de comodidad, a que el marketing electoral los deposite en un terreno de supuesto poder, ya que el no generar peso a la hora de hacer campaña se paga en la interna partidaria de cada día, obviamente.

¿Quiénes son estos fulanos?

En algunos casos, no se trata de dirigentes tan desconocidos, lo que los pone en peor situación aún, aceptando que se le pague su vida política en modo freezer con el salvoconducto a una banca.La mayoría de los votantes ni siquiera conoce sus nombres. En algunas listas de la Provincia de Buenos Aires van a figurar como relleno, como piezas intercambiables de una maquinaria que no prioriza el recambio en una fuerza política.

Y ellos mismos no se quejan.

Vemos claramente a una marioneta arrojada a escena desde las bambalinas. Sus jefes prefirieron quedarse cuidando la boletería. Sin huevos para enfrentar a quien sea y plantearles que ellos sólo serían candidatos con el capital de su territorialidad o con los resultados de su gestión en la calle, llegarán igualmente al poder legislativo bonaerense. Estos pusilánimes consideran más valiosa la militancia del chupaculismo, donde prima la conveniencia por sobre la representación. Y cuando finalmente asumen, saben que muy pocos recordarán que lo hacen sin legitimidad, con un respaldo enclenque y sin haber demostrado que ese cargo podrían, más o menos, merecerlo.

Bregamos porque no pase de estas elecciones el momento en que la sociedad los identifique a todas luces con la energía escrachadora de sus dedos índices, a estos politicoideos que se esconden detrás de los descarados candidatos testimoniales.

¿Son apenas cómplices de una operación política cuestionable?

Peorque eso aún: son su expresión más baja.

Mientras parte de la sociedad se indigna con las águilas electorales que se postulan sin intención de asumir, estos buitruchos se benefician en silencio, sin siquiera tener el coraje de alzar la voz dentro de su propio partido para marcar alguna mínima personalidad de líder, que más no sea para la foto. Pero no. Parece que nada les quita el estímulo de presentarse ante el electorado como oportunistas sin vocación, despojados de mérito y carentes de vergüenza.

Un comentario en «Los invisibles del poder»

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