• Diario 5 -Buenos Aires, domingo 26 de abril de 2026

¿Se trata de una avivadita politiquera mal vista pero legítima o resulta una estrategia burlesca sobre la sobre toda la sociedad abusándose de una herramienta democrática?


 

La escena se repite como en la elección de 2009: figuras de alto perfil se postulan para cargos que no piensan asumir. Son las llamadas «candidaturas testimoniales», una práctica que, aunque legal, despierta un profundo rechazo ético. Las preguntas obvias que apuntan sobre los protagonistas son cada vez más nítidas: ¿Qué sentido tiene votar por alguien que ya sabe que no va a ocupar el cargo? ¿No es eso, en el fondo, una estafa política?

Los defensores de esta estrategia aseguran que se trata de una forma de «traccionar votos». Nunca hemos negado que las trampas suelen ser simpáticas. Eso de «poner el cuerpo» para fortalecer una lista no es, ni por asomo, una jugada valiente. Los aplausos bajan de la tribuna partidaria. El cuerpo que «se puso» es menos que simbólico y el compromiso que se asume, más que nulo. El votante deposita su confianza en una figura reconocida y termina habilitando a alguien que ni siquiera conoce.

¿Dónde queda la transparencia?

Algo lejos

¿Dónde la responsabilidad frente al electorado?

Diluida.

La polémica se enciende cada vez que un dirigente de peso se presenta como candidato sabiendo que no asumirá. Se habla de «jugar fuerte», de «dar respaldo», pero lo que se juega, en realidad, es la credibilidad del sistema. Sí, claro el democrático. Porque si el voto se convierte en una herramienta de marketing y no en una expresión de voluntad soberana, degradamos el acto electoral a una mera operación de imagen. Y es aterrador que haya analistas que pronostican que estas banalidades serán el sostén de la vida política de los próximos 50 años.

¿Es ético usar la popularidad para encubrir a otros?

Rubí responde a esa pregunta aquí.

Los invisibles del poder

¿Es legítimo que alguien se postule sin intención de asumir?

La respuesta parece obvia para quienes creen que la política debe ser un ejercicio de responsabilidad y no de simulacro. Las candidaturas testimoniales son, en definitiva, una forma de vaciar de contenido el voto ciudadano.

Por más que se lo maquille con discursos estratégicos, hablamos de una manera de hacer política profundamente deshonesta en pos de seguir haciéndose con el poder.

 


 

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