Los graffitis deschavan mucho

PorMarcelo Zanotti

Ago 2, 2014

La Asociación de Ayuda al Ciego cargada de estúpidos graffitis
La Asociación de Ayuda al Ciego cargada de estúpidos graffitis

Comprábamos esmalte sintético en aerosol para pintar elementos de la escenografías en comprometidas obras de nuestros amigos actores del teatro independiente, para embellecer los tanques de nafta de las viejas motos, para alcanzar ángulos difíciles de pincelar en los caños de los boliches bailables, para resaltar la rebeldía de nuestros instrumentos en la banda de rock, para indicar (con una pequeña línea en el asfalto) adónde solía ir la polícia durante la dictadura a buscar «segundo H» (prostitutas) y «Vagancia 13» (chicos y chicas que no volvían a su casa a la hora en la que la cana consideraba límite) y centenares de motivaciones codificadas que nos eran útiles a los porteños que nos sentíamos libres, revolucionarios, contestatarios e intelectualmente capaces de crecer buscando cambiar las reglas del juego que oprimían a la gente, jamás que jodiera a la gente.

Nunca hicimos una pintada que significara la hijaputez de que una señora jubilada tuviera que llamar a pintores para arreglar el frente de su humilde PH, porque – aunque no alcanzáramos a pensar que quizás estaba esperando la llegada de su familia del interior y quería tenerla lo más presentablemente posible- nos dábamos cuenta de que REALMENTE era una casa de gente modesta y cuidadosa. Generalmente esas casas eran de gente pobre pero estaban impecables, con maceteros a la vista, adornos varios y hasta se arriesgaban a dejar un muérdago en la puerta para Navidad. Teníamos códigos y nunca nos jactábamos de ellos.

¿Cómo hacerle notar a un pendejo derrochador de derechos constitucionales que tiene que medir algunos de los actos que lo divierten al grado de convertirlo en un facho?

¿Todo el espectro progre considera que no es necesario reglamentar centenares de pautas nuevas de convivencia y entonces dejar cualquier conducta librada al azar, se perjudique quien se perjudique y que los pelotuditos no tengan castigo?

Ser «progre» es una de las hipocresías más nocivas que le está tocando vivir a la Argentina. O sos de derecha o sos de izquierda.

Ser de derecha significa que no te vas a quejar, como yo, de los cornudos que pintan frentes de instituciones y personas vulnerables, donde no hay policías de guardia ni seguridad privada ni patovicas que lo impidan: directamente, por ser de derecha, vas y los castigás por tu cuenta. Los mandás a cagar a patadas o directamente te hacés el Rambo y vos mismo gatillás sobre los testículos de esos descerebraditos.

Ser de izquierda, en cambio, es poner atención permanente a todo lo que demuestra ser impuesto sin equilibrio por parte unos sobre los otros (empleadores sobre obreros, potencias sobre países que se esfuerzan, empresas sobre instituciones, fuertes sobre el resto, machos sobre mujeres, machotes sobre hombres dignos y adinerados sobre necesitados) y denunciar, denunciar, denunciar.

Ser «progresista» sin el compromiso de elaborar y/o participar del trabajo que implica romper con lo mal establecido es ser un vil observador del plato central del Circo Romano. Eso, exactamente: el «progre» liviano es morboso, porque sabe que el débil perderá, aunque él (o ella) casi siempre está preparado para comprenderlo, porque -salvo pálidas excepciones- es gente con ínfulas políticas, preparada, muchas veces universitarios y mayoritariamente dueña de una soberbia intelectual exasperante.

Entonces, con todo eso, surge una pregunta: ¿qué piensa el hombre de izquierda de la pintada en el edificio de la Asociación de Ayuda al Ciego? (ver nota aparte)

pintada_pensador

Septiembre de 2011. El tereso que gastó plata en el aerosol para «retocar» la maravillosa obra de Rodin, lamentablemente piensa. Todo el tiempo piensa en cómo hacer para que cuando cruza la calle no lo pise un vehículo, piensa todo el tiempo cómo hacer para comer algo antes de morirse de hambre, piensa en su propia necesidad de subsistir. Ojalá fuese coherente con el mensaje que dejó visible y dejara de una buena vez de pensar en seguir viviendo.

Marcelo Zanotti

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