• Diario 5 -Buenos Aires, martes 14 de julio de 2026

El Tedeum siempre fue una mecha hacia cualquier bomba de conflicto político. Una verdadera compleja vidriera. Nunca pasó inadvertido. Siempre cargado de simbolismo y tensiones históricas. Es el día de la triple frontera entre Religión, Poder y Nación, .

La palabrita Tedeum proviene del latín “A ti, Dios”. El acto fue adoptado en la época colonial como ceremonia de reconocimiento entre el poder político y el religioso. Tras la Revolución de Mayo de 1810, se resignificó como acción de gracias por el nacimiento de la Patria. Desde entonces, se convirtió en el ritual central de cada 25 de mayo.

Como escenario de tensiones políticas, siempre brilló. Respecto de la presencia presidencial, podría asegurarse que, en general, no falla. Históricamente, los mandatarios asistieron acompañados de su gabinete y las Fuerzas Armadas. Su ausencia o el traslado del acto a otra provincia siempre generó lecturas políticas.

Es importante entender que, aunque se celebra en la Catedral Metropolitana, se invita a representantes de otros credos. Es un espacio interreligioso y un gesto político hacia la pluralidad. Las sucesivas críticas -veladas o explícitas- a la situación social y económica que incomodaron a distintos gobiernos, casi siempre gozan del beneplácito de los líderes de otros credos. los mensajes de los arzobispos en cada Tedeum marcaron agenda.

Cambios y resignificaciones

Mientras Menem en los 90 trasladó el eje simbólico del 9 de julio a Tucumán, restando centralidad al Tedeum del 25 de mayo, el kirchnerismo optó por celebrarlo en distintas provincias, buscando descentralizar y federalizar el acto. Macri y Milei volvieron a darle protagonismo en la Catedral, con fuerte presencia institucional y mediática.

Lo complejo es que nunca fue un acto meramente religioso pero la Iglesia juega de local. Este distorsionante espejo de la relación entre Iglesia y Estado nunca pasa inadvertido.

El púlpito y la lapicera raramente son compatibles.

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