
¿Podríamos asegurar que la protección digital ya es parte de la agenda educativa argentina? Si la meta es que los chicos aprendan a usar la tecnología con criterio y seguridad, y que sus derechos estén garantizados también en el mundo online, deberíamos esforzarnos un poco más.
Por ahora, en la Argentina existen algunas instituciones que trabajan de manera concreta en la protección digital infantil y adolescente. Pero no es como jactarnos de que tenemos el problema resuelto o para abrazarnos como si fuera un gol en la Copa del Mundo.
El Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires creó este año un Consejo Asesor interdisciplinario, integrado por especialistas en neurociencias, comunicación, políticas públicas, psiquiatría, ciencias sociales y ciberseguridad. Su función es asesorar en tendencias, riesgos y estrategias educativas para que las escuelas incorporen la alfabetización digital como parte de su tarea cotidiana.
A nivel nacional, la Agencia de Acceso a la Información Pública publicó en 2024 las guías Nuestro Mundo Digital. Una está dirigida a adolescentes y explica cómo proteger datos personales y ejercer derechos digitales. La otra es pedagógica, pensada para docentes y familias, con propuestas didácticas para talleres sobre privacidad y seguridad en línea.
En paralelo, se desarrollan campañas de concientización como la Semana de la Protección Digital Infantil y Adolescente en la Ciudad, que incluye talleres, charlas y protocolos de actuación ante casos de grooming, ciberacoso o violencia digital. También se promueven acuerdos familiares para postergar el acceso a dispositivos y programas de aulas libres de celulares.
Y tenemos el Decálogo para la parentalidad digital positiva, de UNICEF, por ahora un documento de calibre medio, en revisión permanente y con un gran compromiso






