
La muerte de Martín Miguel de Güemes viene rodeada de relatos cruzados. Uno de los más repetidos, el del marido engañado que lo habría sorprendido con una amante, es un chisme de época y no un hecho histórico. Esa versión fue alimentada por la élite salteña conservadora y los unitarios porteños, interesados en desacreditar al caudillo que incomodaba con sus reformas sociales y su proyecto popular.
La historia real es algo más dura y muy política.
El 7 de junio de 1821, Güemes fue emboscado por las tropas realistas de José María Valdés, “Barbarucho”, gracias a la traición de salteños descontentos y de un comerciante local, Mariano Benítez. Alcanzado por una bala en la espalda, logró escapar a caballo y resistió diez días de agonía en la Cañada de la Horqueta, hasta morir el 17 de junio.
No se llamaban fake news, pero existían.
La diferencia entre mito y verdad revela cómo se intentó reducir su figura a un rumor íntimo, mientras la documentación lo muestra como un jefe militar que defendió el norte con tácticas de guerrilla y que encarnó un proyecto social que incomodaba a los poderosos. Su muerte fue consecuencia de una emboscada militar y de la traición interna y no de un episodio privado.

















































