
La Ciudad de Buenos Aires anunció que este año se están llevando adelante 151 obras en hospitales públicos, financiadas con el dinero que se recupera de la atención a obras sociales, prepagas y pacientes extranjeros. Según los datos oficiales, en el primer cuatrimestre la recaudación superó los 42.000 millones de pesos y actualmente hay 30 obras en ejecución. Se incluye una reforma integral del Hospital Fernández, que sumará diez consultorios y una nueva guardia, la actualización de los consultorios externos en el Pirovano, la construcción del Centro Regional de Hemoterapia en el Tornú, el Centro de Diagnóstico Porteño 4 en Palermo y el CeSAC 51 en Colegiales.
El plan también va por la incorporación de 900 nuevas camas y 5.000 equipos médicos. Anuncian esto como una estrategia muy ambiciosa en infraestructura sanitaria.
Quizás, el remarcar la prioridad para residentes porteños en la atención, no sea algo tan necesario en estos tiempos. Menos cuando ya se están anunciando fuentes de recaudación que no necesitan diferenciar el lugar de residencia de los pacientes que se atenderán.
De todos modos, lo que pesa es que la red hospitalaria de la Ciudad arrastra desde hace décadas problemas de infraestructura ye con recurso humano valioso mantenimiento. Y siempre con recursos humanos valiosos. La inversión actual es un avance importante. Ahora, el mayor valor estará en sostener el ritmo de mejoras en el tiempo.
Siempre el tema central es cómo se articula el financiamiento de un sistema público que debe atender a una población diversa y creciente. Históricamente, los hospitales Fernández, Durand, Argerich, Santojanni, Ramos Mejía, Piñero y los demás excelentes centros de salud porteños han sido un sostén para quienes no acceden a la medicina privada. La infraestructura es un paso necesario y es bienvenida.
Se necesita más. Justo para el gobierno, que se identifica a nivel político con la expresión «Vamos por Más».



















































