• Diario 5 -Buenos Aires, martes 6 de enero de 2026

El precedente de celebración más sofocante lo encontramos en la Navidad de 2012. Aquella quedó como el símbolo de las fiestas sofocantes en Buenos Aires. Fueron más de 38 grados y en la noche. Obviamente, cortes de luz y cenas familiares sufridas.

Las celebraciones atravesadas por el calor extremo dejan de ser fiesta.

Aquella postal se convirtió en referencia inevitable cada vez que se habla de celebraciones bajo temperaturas agobiantes.

En diciembre de 2017 la Ciudad volvió a vivir una Navidad con máximas de 36 grados y sensación térmica aún mayor. Para muchos hogares no alcanzan los ventiladores y los balcones abiertos

¿Cenas más livianas?

¿Acaso aprendimos que debemos re-crear nuestra tradición para la Navidad y el recibimiento del nuevo año?

No, no lo aprendimos. Nos gusta mantener las costumbre de nuestros bisabuelos alemanes, italianos, polacos y españoles, como si estuviéramos en la Europa que en estos momentos sufre olas de frío polar.

En el Año Nuevo de 2022, cuando el termómetro trepó a 37 grados en plena ola de calor nacional, marcando uno de los cierres de año más calurosos de los últimos tiempos, también tomamos nota.

No lo estamos aprovechando. Deberíamos «soltar» y permitirnos liberarnos de la costumbre que nosotros mismos sabemos que es delirante y a contramano de todo -empezando por nuestra salud- generar nuestra propia manera de alimentarnos en las fiestas porteñas y construir nuestra propia postal.

¿Quéééééé?

¿Ser nosotros mismos?

Vade Retro Satanás!

Es probable que no exista nada tan confuso para un argentino que tener que definirse culturalmente. Le costaría horrores intentarlo, tanto por compromiso, necesidad u obligación. Encima, es demostradamente imposible que la inmensa mayoría jamás lo haría de motu proprio.

Pero algún día llegará.

Así como el Norte impone su tradición invernal, tendríamos que lograr que todos los europeos y Estadounidenses conozcan la felicidad de celebrar las fiestas de fin de año en medio del verano y que ellos vengan a querer vivirlo.

Si celebrar en medio de temperaturas extremas es una opción, pues adelante con proponerla, ya que si hace 100 años el plan de establecer que una costumbre se convierta en un clásico tardaba otros cien años, ahora, en la era de las comunicaciones sólo podría llevarnos diez. Pero el problema es el de siempre en estas tierra: la ausencia de un cerebro operativo para guiar a todos a hacer algo que nos conviene y sabiendo que habrá -aproximadamente- un 50% de personas que no apoyarán la acción por considerar que no nos conviene en absoluto.

Argentina pura.

Feliz 2026



 

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