• Diario 5 -Buenos Aires, martes 10 de febrero de 2026

Sarazas de mamados pipeteados que tienen que seguir el viaje a gamba.

En los controles de alcoholemia desfilan choborras que encaran como para un casting de sainete. Ese que salió con ‘me falta un pulmón’ pretendía que la falta de repuesto fuera un pase libre. ¿manejar rociado se resuelve con un certificado médico?

Otro, dado vuelta mal, se tiró a conmover con ‘voy con alguien que se rompió el brazo’. El chabón se autopercibió chófer de ambulancia. La cara rota del brindis, una lady: ‘tomamos vino y fresita’, confesión de chupandína, convencida de que la ternura del frutal la absuelve. Bajate del auto y a casa en bondi, mamada y cero glamour. Le salió barato.

El pescador en dope fue otro cuadro: ‘tengo los 20 pejerreyes ahí, sáquenme el auto que ya…’ No existía precedente de uso de pescado como salvoconducto vial. Las históricas nunca fallan: el curda que balbucea ‘no tengo la SUBE’. Para el tipejo, el bondi era salvación divina. Y una de palco en el Colón: un rociado se le planta con un ‘no me vengas a dar un curso’, transfiriendo la multa a clase de moral. La agente le estampo: «Sí lo hubieras aprendido, no lo habría hecho». Bien ahí!

La fauna es vasta y nunca es basta:

El mamado audaz dice ser primo de un comisario. Y era cierto: quedó pegadísimo. Insalvable, un dado vuelta que prometió traer la licencia mañana. ¿Y el chupitegui cordobés? Jura y perjura que sólo se enjuagó la boca con fernet. Todos distintos, todos iguales. Excusas que no alcanzan ni para sketch de kermesse. Por suerte, la pipeta les la deschavó la mamúa antes de lamentar nada. Al cierre de función, auto al corralón y borrachín caminando derecho, aunque sea por primera vez en la noche.”



 

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