• Diario 5 -Buenos Aires, miércoles 18 de febrero de 2026

Por qué la industria alimenticia no está preparada para competir en el mundo? Porque, históricamente los titulare, dueños, y administradores de esas empresas se vieron tentados en la rentabilidad más rápida que les brindaba la venta de materias primas producidas en sus propias áreas rurales. Siendo estrictos y ante las posibilidades abiertas, resulta inadmisible que los productos elaborados en la Argentina basados en duraznos, uvas, manzanas y otras decenas de materias primas, no sean las más importantes, reconocidas y consumidas del mundo.

¿La empresa alimenticia argentina más importante es Arcor?

Bien.

¿A nadie le dice nada que la mayoría de las cosas de Arcor son feas y de calidad medio pelo?

¿Nadie tiene los huevos suficientes como para decirle a Pagani que sus productos no compiten en sabor con casi nada de cualquier similar de la poca competencia que le queda, ya que é se compra casi todo lo que existe y lo somete a sus cánones?

¿Alguien nacido en los años ’60s -y hasta bien entrados los ’70s- está capacitado para asegurar que los caramelos Arcor, que siempre estuvieron últimos en la tabla de preferencias de aquellos jóvenes consumidores, hayan demostrado alguna mejora? Siempre estuvieron por debajo de los Sugus y otros productos de Suchard, de los Lheritier, de los Bonafide, de los Kegol! y de otras marcas de la época.

Antes de que Arcor de haga con Águila y otras empresas del rubro, jamás un producto elaborado por la empresa de Arroyito/Cordoba le llegó ni al zapato a los bocaditos de Dolca y a las golosinas de chocolate elaboradas por Terrabusi, Blagley o Pymes como La Gioconda, Tunkelén y las chocolaterías del área Bariloche.

Esto significa que una empresa -imposible negarlo- que se administró bien, alcanzó la condición de líder y generó un monopolio con productos totalmente fatos de atractivo. Incluso tienen buen posicionamiento en el Mercosur y hasta exportan a otras latitudes ubicándose con sus elaboraciones en nichos de mercado de a nivel de segundas y terceras marcas, lo cual les renta satisfactoriamente.

A nivel gobierno, nunca nadie, en el país de los alimentos, apretó lo suficientemente a fondo el acelerador para que la industria alimenticia argentina alcanzara los lugares que -por razones obvias de acceso a materias primas- deberían haberse impulsado. Lograron lugares de alta performance Arcor y las empresas que ellos eligieron administrar. Hasta adquirieron La Serenísima, dejando en claro que Mastellone, al igual que tantas empresas argentina «prometedoras», abandonó la carrera por jugar en primera, la carrera de verdad, la de competir en el mundo.



 

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