• Diario 5 -Buenos Aires, jueves 12 de marzo de 2026

Puede llegar a tardar más de 40 minutos en llegar la unidad siguiente a la que recién pasó por una parada. Los usuarios, siempre los perjudicados. Semblanza de una actividad empresaria con decisiones salvajes sobre la población

Desde hace tres semanas la línea 23 de colectivos, que une Retiro con Villa Soldati y es operada por Transportes Río Grande (Grupo DOTA), aparece virtualmente desaparecida. Los pocos coches que circulan lo hacen a cuentagotas, y la línea está “agonizando” según vecinos: “solo andan 5 unidades” . El problema no es sólo su baja frecuencia, sino también su inminente fusión con otra empresa, como admitió un directivo de DOTA: la 23 “se unificará con otra”

Esta crisis se enmarca en el reciente traspaso de 31 líneas porteñas —entre ellas la 23— desde Nación hacia la Ciudad, una jugada que implicó el fin de los subsidios nacionales para esas rutas. Antes, Nación aportaba cerca del 45 % del subsidio total; ahora esa carga recae 100 % sobre CABA, lo que pone en riesgo la sustentabilidad del servicio

El acuerdo de septiembre pasado estableció una transición de al menos 30 días, con la Ciudad comprometiéndose a no aumentar tarifas y mantener la Red SUBE intacta . Pero varias fuentes advertían que este esquema no sería sostenible: CABA debería subsidiar dos tercios del costo real del boleto, lo cual implica sacrificar otros fondos o elevar tarifas en el mediano plazo

Mientras tanto, DOTA —que amplificó su control al absorber líneas como la 5, la 6, y ahora la 23— ajusta frecuencias para evitar pérdidas: «optimizando los recorridos para que no les sean deficitarios» . Usuarios denuncian que en zonas como Boedo solo queda la 115 como alternativa, pero su trazado no reemplaza con precisión el de la 23

Literales que ilustran el malestar popular:

“agoniza… quedaría dos semanas de vida a la 23”

“El tema es más que claro, en los próximos años se va el subsidio que hoy cobran las empresas, y… las empresas están optimizando los recorridos”

“según el chófer, ya no entra (con referencia a un barrio del área Soldati)… y dijo que el 22/6 no existe más la línea 23”

El diagnóstico: el traslado de subsidios desde Nación a Ciudad generó una presión financiera que obligó a DOTA a reducir unidades y planificar la absorción de la línea por otra. El resultado es una fuerte merma del servicio en rutas históricas y una creciente preocupación de los usuarios.

Eso de las «rutas alternativas» sólo le sirve a los que viven en Bieldo. El 23 pasa por San Cristóbal y los otros colectivos, no.

El vecino no debería quedar rehén de los conflictos. Esa es la sensación que va creciendo entre los usuarios de la línea 23, un recorrido ultrapresente del sur y centro porteño, que hace un mes quedó paralizado por la retención de tareas del grupo DOTA. La medida, que se replica en otras líneas, responde a la falta de pago de los subsidios nacionales al transporte.

Desde 2024, las empresas advierten que sin fondos compensatorios no pueden sostener los servicios, y el ajuste del Estado nacional ya se está sintiendo: líneas completas interrumpidas y usuarios desamparados. POr supuesto que se trata de empresarios «bien a la argentina», que si no vislumbran una rentabilidad exhorbitante en poco tiempo , no consideran que «sea negocio»

El Ministerio de Transporte no niega los atrasos. A cambio, sugiere que se utilicen “rutas alternativas”, pero eso sólo sirve para quienes tienen más de un colectivo cerca. En barrios como San Cristóbal, Constitución, Barracas o Pompeya, la línea 23 no tiene reemplazo directo. No es capricho: es necesidad.

Mientras el foco está puesto en la macroeconomía, el resultado de estas decisiones se mide en demoras, caminatas forzadas, ausentismo y desinformación. Lo que el Estado llama «reordenamiento» del sistema, para muchos vecinos es aislamiento.



 

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