• Diario 5 -Buenos Aires, martes 28 de abril de 2026

Segunda parte del reporte de Diario 5 acerca de las palabras amigas que te pueden hacer quedar mal.

Ayer ya dábamos cuenta de que el lenguaje tiene sus ironías. Indiana nos hablaba del profesionalismo de Rubí y ahora nos toca reivindicar el respeto que se merecen ambas. Porque generaron muchas reacciones muy favorables del público y -también- del resto de nuestro ámbito de trabajo. Efectivamente, algunas palabras viajan de una lengua a otra disfrazadas de confianza, vestidas de parecido, pero cargadas de un significado que puede hacernos tropezar. A esos vocablos traicioneros se los conoce como falsos amigos o, más técnicamente, heterosemánticos. No son errores, sino herencias lingüísticas que han tomado rumbos distintos con el tiempo. Se parecen… pero no significan lo mismo. Y aunque no rompen amistades, sí han arruinado alguna que otra cena.

¿Quién no ha pedido “pasta con gamba” en Italia y se encontró con un plato sin mariscos, pero con una sonrisa contenida del camarero? En italiano, gamba es “pierna”, mientras que el marisco se llama gamberetto. Un ejemplo típico y simpático de cómo una palabra puede cambiar de sentido y de contexto, sin previo aviso.

Otro caso clásico: estar resfriado y decir en inglés “I’m constipated”, creyendo que se informa del catarro cuando en realidad se está declarando un problema intestinal. O ese intento de piropear a alguien en Alemania con un “Du bist eine Krake” (“sos un pulpo”), convencidos de estar diciendo que es un “crack”.

La lista sigue: esquisito en portugués no es “exquisito”, sino “raro o desagradable”; aceto en italiano es “vinagre”, no “aceite”; preservatives en inglés son “conservantes”, no “preservativos”; y ombre en francés no significa “hombre” sino “sombra”. O sea: no es que tu pareja quiera ser tu «hombre para siempre», sino que te está avisando que te seguirá los pasos como tu sombra. ¡Plot twist lingüístico!

Estos malentendidos se dan entre lenguas que comparten raíces, sobre todo las romances (español, portugués, italiano, francés) o entre estas y el inglés o el alemán. Se parecen tanto que parece lógico confiar. Pero la etimología ha jugado sus cartas, y lo que un día fue un tronco común, hoy puede ser una confusión de manual.

Los lingüistas Jean Koessler y Jules Derocquigny ya lo señalaron en 1928 en su libro Les faux-amis ou les trahisons du vocabulaire anglais. Traiciones, dijeron. Y no exageraban.

Definitivamente, no todo lo que suena familiar lo es. Tal como nos pasa en la vida, en la lengua hay amistades aparentes y significados ocultos. Aprenderlos ahorra papelones y asegura que el lenguaje siempre es un organismo vivo. Hasta cada dialecto puede arrastrar una historia, personalidad propia e ironías. Y aparte de requerir atención y contexto, los idiomas pueden jugar -entre ellos- ciertos juegos que nosotros desconocemos.

 

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