A los argentinos nos cae en verano y -si somos perseverantes- podría ser la puerta a la incorporación de la Gratitud como Estilo de Vida. En algunos lugares parece afianzarse como una oportunidad para reconectar con lo esencial. No hay que descartare que la Gratitud puede ser Clave para la Felicidad. ¿Lograremos que el 11 de enero llegue a ser una fecha para reconocer y celebrar?
Viendo todos que el ritmo acelerado muchas veces nos aleja de lo esencial, el Día del Agradecimiento emerge como una pausa significativa. Más allá de su aparente simpleza, tener un momento anual para reflexionar sobre el poder transformador de la gratitud hacia nuestras relaciones, no sería una oportunidad desechable para «inspeccionar» nuestra propia percepción de la vida.
Más allá de entenderse como una expresión de cortesía, la gratitud es una actitud que enriquece la experiencia humana. Al decir “gracias” con sinceridad, reconocemos el esfuerzo y la generosidad de quienes nos rodean, cultivando un ambiente de empatía y conexión. Cada gesto amable, cada palabra o acción que recibe nuestro aprecio, fortalece los lazos que nos unen y nos hace más conscientes de algunas bendiciones cotidianas.
Diversos estudios demuestran que la gratitud no sólo mejora relaciones, sino que impacta positivamente en el bienestar emocional. No son pocos ni recientes los estudios que aseguran que practicarla regularmente incrementa nuestra capacidad de resiliencia, aligera el peso de los emprendimientos diarios y potencia la salud mental. El simple acto de agradecer activa neurotransmisores como la oxitocina y las endorfinas, generando un efecto duradero de bienestar y satisfacción personal.
Seguramente, cada uno verá que el Día del Agradecimiento nos hace apuntar hacia familiares, amigos, maestros, colegas y otros que merezcan reconocimiento. Lo mejor que podría sucedernos es construir una cultura de gratitud que trascienda al 11 de enero: valorar algunas cosas que parecen menores, agradecer por las grandes y reconocer la influencia positiva de nuestras mejores relaciones. Nada más anhelable que hacer de la gratitud una práctica constante.
¿Quién nos negaría que detenernos para agradecer nos reconectará con lo verdaderamente valioso? Se trata nada menos que de agradecer, es decir, poner en estado de reconocimiento dorado a las personas y los momentos que llenan de sentido nuestras vidas.
Ahora bien: en los Estados Unidos el Día de Acción de Gracias (Thanksgiving) es una tradición de máximo arraigo.
Comparemos.