• Diario 5 -Buenos Aires, viernes 26 de junio de 2026

Podría considerarse que tiene cierta lógica apelar a las banderas que Eva Perón defendió cuando, desde el poder, tuvo buenas posibilidades de cumplir lo que pactaba consigo misma y con la sociedad, su pueblo, en propio decir.

Con Juan Perón, mando mayor en un complejo y gigantesco andamiaje político, no es exactamente igual, pero sí paralelo: todos en el peronismo sueñan con su carisma, sus capacidades y sus resultados electorales.

Pero jamás lograron tanto. Y, menos que menos, todo al mismo tiempo.

Por eso el peronismo pos perón jamás será peronismo auténtico: no es porque no hay un tiempo igualable a la década del 40 del Siglo XX, sino porque no hay un Perón.

¿Les resulta una preocupación semejante baño de realidad?

Para nada.

Ellos saben perfectamente la inviabilidad de emular un tiempo de gloria argentina a efectos de las desgracias de un mundo que acababa de atravesar una guerra mundial iniciada apenas 20 años después de haber terminado otra. No importa que ahora no se pueda hacer lo mismo. Usar la mística trae votos.

Suficiente

Mientras tanto, en función del émulo, recordar que el general era experto en hacer la lectura reveladora sobre la situación global y en adelantarse, para saber discernir entre gatos y liebres. Se lo admiraba por negociar como nadie, pisar fuerte entre los aliados y más fuerte entre los adversarios, siempre consiguiendo algún resultado real a celebrar, especialmente por parte de la clase trabajadora. Había, hay y habrá que remar mucho para aparearse en capacidad dirigencial. Así era el líder que supieron poner frente a su espejo los centenares de dirigentes que usaron su nombre, pero cuyo reflejo les devolvía la más distorsionada de todas las imágenes.

Llegar tarde a la democracia, los desubicó.

Al no poder ganar en 1983, nada pudieron hacer más que unas aceptables internas de manejo partidario y, finalmente, para fórmula presidencial.

Por lo demás, todo fue demostrar que el peronismo sin Perón es una forma de jugar a gobernar, incluso cuando se ganan las elecciones. Ser dirigente del peronismo con militancia y arraigo reales, es saberse parte de una estructura política en la que, por ser tan grande, no hay posibilidad alguna de alcanzar con méritos lo que la ola obliga a gestionar con rosca.

Está bien que celebren a Eva Perón. Lo que no está bien es que se la use haciéndoles creer a incautos y desprotegidos intelectualmente que trabajan incansablemente por mantener su espíritu.

Del mismo modo en que el peronismo sin Perón es una cáscara vacía, intentar ser Eva Perón es un descaro. Ayudemos al peronismo y a todo el país para que nadie o intente, lo que para algunos implica decir que nadie lo vuelva a intentar.


 

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