• Diario 5 -Buenos Aires, viernes 1 de mayo de 2026

Se imponen los espacios modernos de formación donde se utilizan tecnologías avanzadas para recrear situaciones reales de trabajo en un entorno seguro. A diferencia de la época en que bastaba con responder a un aviso en los clasificados del diario, hoy se busca que las personas practiquen y adquieran experiencia antes de enfrentarse al mundo laboral.

En Buenos Aires y otras ciudades, los centros de simulación se han convertido en una herramienta clave para capacitar tanto a jóvenes como a adultos. Se emplean simuladores de maquinaria pesada, entornos financieros virtuales, laboratorios de salud y programas digitales que permiten aprender haciendo, pero sin los riesgos de equivocarse en un contexto real.

Un ejemplo es el de alguien que quiere manejar una grúa. Se puede practicar en un simulador que reproduce fielmente la cabina, los controles y las condiciones de trabajo, sin peligro para sí mismo ni para otros.

Estos espacios están pensados para que las personas se adapten a las exigencias del mercado laboral actual, donde ya no alcanza con presentarse de inmediato como aspirante. Hoy se valoran las competencias prácticas, el manejo de nuevas tecnologías y la capacidad de resolver problemas en entornos complejos. Por cómo se presentan, los centros de simulación parecen ofrecer justamente eso: la posibilidad de entrenar y equivocarse en un ambiente controlado para  poder mejorar.

¿Te tocó vivir en los tiempos de los clasificados?

Ni vale la pena  analizar la diferencia.

Históricamente, el aprendizaje se daba directamente en el puesto de trabajo. Sí, efectivamente, con ensayo y error frente a clientes o máquinas reales. Pero cuidado: en un laboratorio de ensayo jamás se conseguirá el temple que da caminar sobre la cuerda sin red.

Ahora, la lógica es distinta: primero se adquiere experiencia en un entorno simulado, y luego se da el salto al mundo laboral, supuestamente, con mayor seguridad y confianza.

En casi todo el mundo estos centros suelen ser gratuitos o de bajo costo. Y tiene lógica que sean impulsados por programas mixtos -públicos y privados- que buscan mejorar la empleabilidad. En Buenos Aires, por ejemplo, ya han pasado más de 20.000 personas por estos espacios, y se espera que ese número se duplique en los próximos años.

Se los considera un puente entre la formación y el trabajo real. Permite que las personas, sin importar la edad, se familiaricen con las herramientas y necesidades actuales

¿Llegan mejor preparadas a un mercado laboral que exige cada vez más habilidades prácticas y tecnológicas?

La evolución respecto de los tiempos de los clasificados ya no tiene brújula no destino. Ahora, antes de presentarse como aspirante, se busca que uno ya tenga experiencia simulada que lo respalde, mientras que en los tiempos de presentarnos a trabajar directamente, el sabor de la responsabilidad iba de la mano con el aprendizaje sobre la marcha.

Son gustos.



 

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