• Diario 5 -Buenos Aires, viernes 17 de abril de 2026

 

La extensa alocución de apertura y la consecuente puesta en escena de Javier Milei en este 1 de marzo de 2026 amalgamó el acto institucional con ecosistema político en el que se siente cómodo, es decir, la fricción constante.

El Presidente ingresó al Congreso con la seguridad de quien cree haber domado a la «fiera» de la inflación, pero lo hizo en un clima de frialdad interna que las cámaras de la transmisión oficial intentaron, sin éxito, disimular. El saludo gélido con Victoria Villarruel, reducido a una formalidad casi mecánica frente al efusivo abrazo con Martín Menem, fue la síntesis visual de un gobierno que ha decidido purgar sus propias filas mientras avanza en una transformación estructural que no admite matices.

Milei habló de una Argentina que crece al 10% y de una pobreza que retrocede a pasos agigantados, cifras que chocan de frente con una calle que todavía mastica el impacto de un ajuste que no da tregua y una opinión pública que, según los algunos de los últimos sondeos, parecería estar perdiendo la paciencia del «voto blando».

El discurso osciló entre la contabilidad orgullosa de su superávit y la épica de un cruzado cultural que ya no sólo pelea contra la «casta» doméstica, sino que se abraza a la figura de Donald Trump como su gran validador global.

Al proponer la «moral como política de Estado», Milei intentó elevar el debate por encima de la economía, buscando una legitimidad que -él lo  sabe más que nadie-  los indicadores sociales todavía pelean por consolidar en el día a día de los argentinos.

Hubo dardos envenenados para una oposición a la que llamó «traidora» y referencias directas a líderes encarcelados, dejando entrever que para el presidente libertario la pacificación nacional no sería una opción si no es bajo sus propios términos.

Entre promesas de bajar la edad de imputabilidad y la eliminación definitiva de las PASO, el mandatario delineó un 2026 que pretende ser el año del «orden definitivo», aunque en el recinto legislativo haya quedado flotando la sensación de que la verdadera batalla, más allá de los números caputianos, sigue siendo por el alma de una sociedad que hoy lo miró con tanta esperanza como agotamiento.

 

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