• Diario 5 -Buenos Aires, domingo 17 de mayo de 2026

Mientras la Ciudad de Buenos Aires anuncia el inicio de una nueva obra de paso bajo nivel sobre las vías del ferrocarril Sarmiento, vuelve al centro de la escena una vieja discusión que lleva más de quince años pendiente: el soterramiento. Mantener cierta humildad nos dejaría en una posición más digna como estructura urbana.

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El nuevo túnel vehicular bajo la calle Irigoyen, en el límite entre Liniers y Villa Luro, promete aliviar el tránsito de unos 7.000 vehículos diarios, reducir accidentes y eliminar una barrera ferroviaria.

La obra es bienvenida. Pero también es una muestra clara de que nos tuvimos que conformar con migajas. No porque esté mal hacer un túnel en una calle chica de Liniers, sino porque es la consecuencia directa de que nunca se concretó el soterramiento del Sarmiento, esa promesa monumental que podría haber transformado la movilidad de todo el oeste de la Ciudad y parte del conurbano.

La de Irigoyen es una obra puntual, cara, laboriosa, que mejora un cruce. Pero lo otro era una solución estructural: sacar el tren de la superficie, eliminar medio centenar de pasos a nivel, agilizar los viajes, reducir accidentes, unir barrios históricamente partidos por las vías. No se hizo. ¿Por qué? Porque fue absorbido por una trama de intereses, promesas incumplidas y escándalos que nunca se terminaron de explicar del todo.

Esta obra demandará más de $5.600 millones, calles provisorias, desvíos, meses de obra y un impacto fuerte en el barrio. Todo eso para resolver lo que el soterramiento del Sarmiento —aquel ambicioso proyecto lanzado en 2006 y paralizado tras años de corrupción, promesas incumplidas y abandono— habría solucionado de manera integral: 52 pasos a nivel eliminados, mejoras en frecuencias, seguridad y conexión entre barrios del oeste porteño y el conurbano. Aquel plan costoso y plagado de irregularidades —hoy judicializado y sin destino claro— era, pese a todo, una solución de fondo.

Lo que se está haciendo hoy es fragmentario. Festejamos avances que -en realidad- existen porque no se hizo lo que sería mejor. Nadie desmerece, tampoco, el paso bajo nivel de García Lorca en Caballito, también en ejecución. Años esperando alguna solución allí. Pero es imposible no ver que son remiendos costosos, lentos y limitados frente a una obra estructural que fue desechada por razones más vinculadas a los escándalos que a la planificación.

Entonces, como no se avanzó con lo que había que hacer, ahora debemos evitar ínfulas y no sentirnos Chongqing por una obra modesta y necesaria. Nos quedamos sin pan. No festejemos las migas.

Puente distribuidor de tránsito Egongyan, en Chongqing, China

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