
El monumento a las Cataratas del Iguazú en Buenos Aires, en la plazoleta Provincia de Misiones en Av. 9 de Julio y Av. de Mayo, atraviesa un estado de abandono y deterioro que ha sido señalado más por los medios misioneros que por los porteños.
El homenaje se inauguró en 2013. Original, el espacio simbólico que buscaba recrear la experiencia de las Cataratas en pleno centro porteño comenzaba a ganarse un lugar entre los emblemas. La obra incluía una pasarela, piedras traídas desde Misiones, bombas de agua para simular las caídas y un sistema de rocío que imitaba la Garganta del Diablo.
La esquina daba una sensación de alivio en las tardes de calor agobiante y crecía la opinión generalizada de que se trató de un acierto.
Hoy, lo que alguna vez fue presentado como “un oasis en medio del tránsito” luce peor que descuidado: sin el agua, con piezas faltantes, sin mantenimiento y con sectores vandalizados se anota como una más de tantas frustraciones argentinas. La falta de funcionamiento de las bombas y el deterioro de las estructuras, a esta altura, no pueden ser una excusa.
¿Cómo sería posible transferir al olvido un monumento erigido en una de las esquinas más transitadas de una Ciudad que se enorgullece de -y hasta se jacta- de «tenerlo todo»?

Vecinos y organizaciones culturales reclaman su restauración, señalando que se trata de un homenaje a una de las maravillas naturales más importantes del país y del mundo. El abandono genera malestar porque el monumento pretendía acercar un pedazo de la selva misionera al corazón porteño, pero hoy transmite la imagen opuesta: desinterés y falta de cuidado patrimonial.
La discusión sobre su futuro se vincula con la necesidad de políticas de mantenimiento urbano más sostenidas. En un contexto donde la Ciudad busca reforzar su perfil turístico, el estado crítico del monumento aparece como una contradicción: un símbolo nacional deteriorado en plena avenida emblemática.

Una publicación de un medio misionero incluye una frase que, independientemente de su vocabulario IA- no suena bien: «Según trascendidos, habría un área del Gobierno porteño abocada a la restauración de monumentos que estaría evaluando posibles acuerdos con la provincia de Misiones para recuperar el espacio«.
Nos preguntamos si es esto cierto. ¿Resulta necesario que la Provincia de Misiones participe de la financiación, como si se tratara de un spot publicitario que, supuestamente, promovería el turismo a uno de los sitios más famosos del mundo? ¿No era, acaso, un homenaje? A nuestra manera de entender, el GCBA debería pedir explicaciones al medio involucrado por promover un perfil institucional tan miserable de la Ciudad de Buenos Aires. A no ser que se confirmen esos trascendidos. En ese caso, no sólo será que la esquina frente a inolvidable Grill Oriente pierda la gracia, sino que en Buenos Aires alguien que busca financiar la cascada de tributo, parece estar, también, perdiendo la dignidad.



















































