• Diario 5 -Buenos Aires, domingo 15 de marzo de 2026

La Cámara Argentina de Turismo acaba de emitir un claro comunicado -y con tono de advertencia- acerca de los orígenes de la crisis que atraviesa su rubro: aseguran que el paro de controladores aéreos en plena temporada alta golpea de lleno al turismo interno, uno de los pocos motores que aún sostiene cierta actividad económica en muchas regiones del país.

El encabezamiento “El turismo no puede quedar rehén de los conflictos” condensa el espíritu del reclamo. No se opone a los derechos gremiales pero pone sobre la mesa el costo colateral de las medidas de fuerza, especialmente en un sector que no puede recuperar lo perdido una vez que pasa la oportunidad estacional.

“El daño es profundo”, señala la CAT, aludiendo a los pasajeros varados y a un entramado de economías regionales que dependen, muchas veces en forma exclusiva, del movimiento turístico.

La presidente Laura Teruel también deja un concepto que define el problema: “La previsibilidad es clave para el turismo”. Lo es tanto para el viajero como para hoteleros, agencias, gastronómicos y transportistas que organizan su calendario con meses de anticipación. Romper esa previsibilidad, advierte la Cámara, es hacer retroceder al sector cuando más necesita crecer.

El comunicado no es neutro: reclama diálogo pero también acción inmediata. Pide garantizar los vuelos, y lo hace con una urgencia que suena más a alarma que a diplomacia.

Detrás de este mensaje institucional se percibe algo más profundo: una advertencia sobre la fragilidad de la reactivación económica cuando los servicios esenciales dejan de funcionar. En el turismo, el tiempo no se recupera. Cada semana perdida es plata que no vuelve.

 

 

 

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