• Diario 5 -Buenos Aires, viernes 24 de abril de 2026

El cambio en la promesa de lealtad a la bandera que pocos notaron

Durante décadas, los chicos argentinos juraron lealtad a la Bandera Nacional con una fórmula larga, ampulosa, cargada de palabras que mezclaban idealismo, civismo y una cierta emoción de manual. Para muchos, el momento más esperado era poder gritar bien fuerte «¡Sí, prometo!» justo después de que el docente, vestido de ceremonia, cerraba con esa frase solemne: «para que el honor sea su aliento y la justicia su empresa». En varias provincias del país, esa versión sigue vigente. Pero en la Ciudad de Buenos Aires, la fórmula cambió oficialmente en 1999.

Con el nacimiento de la autonomía porteña, la Secretaría de Educación (todavía no Ministerio) decidió revisar algunas formalidades escolares heredadas de otros tiempos. Una de ellas fue el artículo 137 del Reglamento Escolar, que establecía el texto de la promesa de lealtad a la bandera. El cambio no fue casual ni menor: se fundó en la necesidad de que los discursos públicos reflejaran los valores de la Constitución de la Ciudad, sancionada en 1996, que pone el acento en la ética, la libertad, la solidaridad y la democracia como pilares del sistema educativo.

El nuevo texto mantiene la solemnidad, pero ordena las ideas en bloques más claros, introduce palabras que remiten al pluralismo y a la diversidad, y abandona parte de la verborragia barroca de la versión anterior. En lugar de largas oraciones encadenadas que hablaban de «defender la bandera con el compromiso de fortalecer nuestra historia» o de «estudiar con juicio crítico aceptando fraternalmente las diferencias», la nueva versión pone el foco en valores más concretos y menos declamativos: justicia, tolerancia, igualdad, paz, solidaridad.

La fórmula vigente en la Ciudad de Buenos Aires, que se lee a los alumnos de cuarto grado, dice:

«Alumnos: Esta es la Bandera que creó Manuel Belgrano en los albores de nuestra libertad, simboliza a la República Argentina, nuestra Patria.

Es el símbolo de los valores que los fundadores de la nacionalidad defendieron y promovieron con sus luchas y sus sacrificios, triunfos y derrotas. Esos valores son los de la libertad, la tolerancia, la justicia, la igualdad, la paz y la solidaridad.
Alumnos: Es el símbolo de nuestra libre soberanía, que hace sagrados a los hombres y mujeres y a todos los pueblos del mundo. Convoca el ejercicio de nuestros deberes y nuestros derechos, a respetar las leyes y las instituciones.
Es la expresión de nuestra historia forjada con la esperanza y el esfuerzo de millones de hombres y mujeres, los que nacieron en nuestra tierra y los que vinieron a poblarla al amparo de nuestra bandera y nuestra Constitución.

Representa nuestra tierra, nuestros mares, nuestros ríos y bosques, nuestros llanos y montañas; el esfuerzo de sus habitantes, sus sueños y realizaciones. Simboliza nuestro presente, en el que día a día debemos construir la democracia que nos ennoblece, y conquistar el conocimiento que nos libera; y nuestro futuro, el de nuestros hijos y el de las sucesivas generaciones de argentinos.
Alumnos: ¿Prometen defenderla, respetarla y amarla, con fraterna tolerancia y respeto, estudiando con firme voluntad, comprometiéndose a ser ciudadanos libres y justos, aceptando solidariamente en sus diferencias a todos los que pueblan nuestro suelo y transmitiendo, en todos y cada uno de nuestros actos, sus valores permanentes e irrenunciables?»

El «Sí, prometo» sigue intacto, pero lo que lo precede ya no es lo mismo. Y aunque no sea tema de debate público, el cambio dice algo sobre cómo se busca formar ciudadanía desde la infancia. La bandera sigue flameando en los actos del 20 de junio, pero el modo de hablarle a los chicos sobre lo que representa se ajustó a otra época. Una en la que, al parecer, la justicia ya no es “su empresa”, pero sí sigue siendo parte del compromiso.

 

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