
Ayer dimos cuenta de la transformación de la línea 6 en un ramal de la 50. Pero ahora resulta que éste no es el único ajuste que se ha producido en el sistema de transporte en los últimos tiempos. En los últimos años, varias líneas han cambiado de recorridos, ramales o incluso de empresa operadora. Algunos ejemplos:
Mientras una información asegura que la línea 23 también fue absorbida como ramal por la línea 26, un chófer de ese servicio nos alertaba sobre la incertidumbre que se cierne sobre el futuro de la histórica «Saeta» y que una de las opciones que se barajan es que pase a ser un ramal de la línea 115. Nada debe sorprende cuando se trata de cambios operativos generados en la empresa DOTA.
A propósito, Sus líneas son 28, 44, 101, 8, 23, 56, 76, 91, 135, 20, 117, 161, 188, 78, 87, 111, 127, 130, 7, 21, 108, 31, 146, 60, 405, 514, 520, 57, 410, 429, 100, 115, 134, 283, 523 y 168.
Desde otro sector de la Ciudad de Buenos Aires se conoció que la línea 49, histórico bondi de recorrido Primera Junta-La Tablada tras varias suspensiones y baja frecuencia, fue fusionada operativamente con la línea 91.
Ya en 2024 se ajustaron varios recorridos nocturnos y ramales interjurisdiccionales A cualquiera que se le pregunte en el universo empresario del transporte, responde que se vienen realizando estos movimientos con el objetivo de mejorar la conectividad entre el sur de la ciudad y el conurbano. Pero parece ser por la baja rentabilidad de alguna líneas.
Es natural que desde el GCBA se impulsan iniciativas para unificar recorridos ineficientes, evitar la superposición de servicios y garantizar una frecuencia más pareja en los corredores principales. El problema es que en el plan participe la siempre ineficiente y peligrosa CNRT, que -desde la administración 2019-2013- se convirtió en una plataforma ideal para la corrupción y sin una estructura profesional para proveer ningún plan ni ninguna idea real que redunde en verdaderas mejoras para que lo argentinos viajen bien.



















































