• Diario 5 -Buenos Aires, martes 10 de marzo de 2026

El dólar atrasado y el efecto inverso del turismo receptivo.

Mientras que en otros momentos el tipo de cambio beneficiaba al turismo extranjero y convertía a Buenos Aires en un destino accesible para norteamericanos y europeos, hoy el escenario ha cambiado drásticamente. La combinación de inflación interna (menor pero aún existente) y una cotización del dólar por debajo de su valor real hacen que los precios en Argentina —traducidos al dólar que trae el turista— resulten excesivos para visitantes del exterior.

Esta situación genera un fenómeno inusual: para muchos viajeros, la Argentina dejó de ser barata. Y eso impacta especialmente en quienes soñaban con un viaje romántico por el Sur del continente. Lo que antes era un recorrido accesible por las calles de San Telmo, Cataratas o el Perito Moreno, hoy se ve cancelado, pospuesto o descartado por su alto costo.

En este contexto, muchos agentes de viajes en el hemisferio norte enfrentan dificultades para vender paquetes a destinos argentinos. Uno de ellos, Jack Barth, un experimentado operador turístico de Nueva York, le escribe un correo personal a su amigo Carlos en Buenos Aires. Su mensaje refleja con claridad la frustración y el impacto que este nuevo escenario está dejando en el sector.


From: Jack Barth
To: CMA
Subject: Tough times for tango dreams

 

Dear Carlos,

I hope this message finds you well, my friend.

I’ve been meaning to write for a while, but honestly, it’s been tough on this end. I’ve been trying to sell Buenos Aires —your Buenos Aires, the one with late-night milongas, steak dinners under the stars in Palermo, and the lingering perfume of Gardel in the air. But I’ve hit a wall.

People want to go. Couples in their seventies tell me stories of how they dreamed for decades of dancing a tango where it was born. Teachers on sabbatical want to sip Malbec by the river and walk through Recoleta. One couple even had a map with pushpins marking their dream route: BsAs, Iguazú, Salta, Calafate, Ushuaia. They watched “The Motorcycle Diaries” and imagined doing part of the road.

But when I send them the quotes, their faces drop. The numbers don’t add up.

They can fly to Lisbon for less. They can spend a week in Morocco or Vietnam —even Japan— and it still costs them less than a 10-day trip to Argentina. It breaks my heart. I know your city is still magic, but the numbers work against us.

And the problem isn’t just airfare — it’s the cost once they land. I have to quote everything through formal channels. No blue dollar, no tricks. And when the official exchange rate makes a hotel room look like it’s $400 a night and a dinner like $150, they back away.

You and I know the prices don’t reflect the real economy down there, but for my clients, it feels like Argentina’s become a luxury destination overnight.

I’m still pushing. I don’t give up that easily. I’m trying to build a small group for next spring, maybe get a cultural grant or partner with a university. But right now, tango is out of reach for too many dreamers.

How are you? Is it as tough on your side as it looks from here?

Abrazo fuerte desde el norte,
Jack

 

A enterarnos todos:

 
De: Jack Barth
Para: CMA
Asunto: Tiempos difíciles para los sueños de tango

Querido Carlos,
Espero que estés bien, amigo.

Hace tiempo que quiero escribirte, pero la verdad es que por acá está complicado. Estoy intentando vender Buenos Aires —tu Buenos Aires, la de las milongas hasta la madrugada, las cenas con bife bajo las estrellas en Palermo, y ese perfume persistente a Gardel en el aire. Pero me estoy chocando contra una pared.

La gente quiere ir. Parejas de jubilados me cuentan que soñaron durante décadas con bailar un tango donde nació. Docentes de licencia quieren tomar Malbec junto al río y caminar por Recoleta. Una pareja incluso tenía un mapa con chinches marcando su ruta soñada: BsAs, Iguazú, Salta, Calafate, Ushuaia. Vieron “Diarios de motocicleta” y se imaginaron en ese camino.

Pero cuando les paso los presupuestos, se les cae la cara. Los números no cierran.

Pueden volar a Lisboa por menos. Pueden pasar una semana en Marruecos o Vietnam —incluso Japón— y aún así gastar menos que en un viaje de 10 días a la Argentina. Me parte el alma. Sé que tu ciudad sigue siendo mágica, pero los números juegan en contra.

Y el problema no es solo el pasaje: es lo que cuesta una vez que llegan. Yo tengo que cotizar todo por canales formales. Nada de dólar blue, nada raro. Y cuando la tarifa oficial hace que una habitación cueste 400 dólares la noche y una cena 150, se echan para atrás.

Vos y yo sabemos que los precios no reflejan la economía real allá, pero para mis clientes, parece que Argentina se convirtió de repente en un destino de lujo.

Sigo empujando. No me doy por vencido tan fácil. Estoy tratando de armar un grupito para la próxima primavera, quizás con una beca cultural o en alianza con una universidad. Pero por ahora, el tango está fuera del alcance de muchos soñadores.

¿Cómo estás vos? ¿Está tan difícil allá como se ve desde acá?

Abrazo fuerte desde el norte,
Jack

 

 

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