
Es absolutamente sospechoso pero difícil de recriminar. Es una avivada. Para los tramposos, es pan calentito. Es un híbrido entre arma delictiva y tobogán a una coartada de defensa.
Y es muchas cosas más. Utilizar el apoyacabezas del asiento delantero derecho de tal modo que el reloj del taxi quede tapado a la vista del pasajero es una de las más recurrentes (y peores) formas de pretender mantener el paso de las fichas fuera de la vista de quien va a pagar el viaje.
