
¿Por qué arribamos casi siempre a la conclusión de que la calidad del aire es uno de los aspectos menos visibles de la vida urbana?
Y eso que no son sólo médicos quienes aseguran que es aspecto que más incide en el bienestar cotidiano.
Enumerando -por ahora, los dedos nos alcanzarían- nos encontramos con tránsito, actividades industriales y mucho consumo de energía. No está mal si aseguramos que ninguna de esas tres «presiones» tiene efectos perceptibles a simple vista.
¿Y cómo llamamos al más actual de los objetivos ecológicos?
Reducir emisiones.
Quizás, deberíamos obsesionarnos con esa inclinación.
¿Dónde está lo importante para que el camino hacia esa reducción del carbono en el ambiente se depeje?
Lo que más se requiere es combinar decisiones públicas. ¡Es la p0lítica, estúpido! Detrás, transporte más eficiente. Hay países para los que tal cosa no es una preocupación. Pues, la Argentina no puede comprar esos boletos de apuesta.
Los otros puntos son los espacios verdes (ABC de la Ecolife) y hábitos de consumo responsables.
Demasiado.
Ocurre que ninguna medida aislada resuelve el problema
¿Y qué significa que la suma de acciones sostenidas puede mejorar el entorno?
Según cuánta conciencia estemos dispuestos a tomar -placentera o resignadamente- «Cuidar el aire» podría ser o no, una consigna abstracta.
Tal situación de pureza del aire jamás fue es una condición para vivir mejor en las ciudades. Hasta que comenzó a serlo y alguien se dio cuenta. Venimos de un tiempo en el que estos aspectos tan definitivos para la conservación de las especies, incluyéndonos, nos fueron tan ajenos que construirnos una Rutina del aire Limpio nos ubica en el mismísimo futuro.
Entre Saber y No saber, la primera opción podría ser – a veces- la única que nos deja de lado de la vida.









