
¿Cómo se sostiene el criterio de que los espacios verdes y los servicios pueden o deben convivir con el uso público?
Los parques y las plazas son lugares de descanso, recreación y encuentro. La incorporación de bares, puestos y otros servicios puede ampliar sus posibilidades de uso, pero también plantea la necesidad de preservar el carácter público de esos espacios.
No son un asunto menor la ubicación de las instalaciones, la superficie que van a ocupar, cómo se cuida la circulación peatonal y lo más importante: la preservación de los sectores verdes y el acceso sencillo y directo. Todo ello, sin olvidar un aspecto de jerarquía mayor: Cómo se lo ve. La estética de una plaza o un parque debe ser preservada y jamás debe bajar del nivel de «hermoso».
Por lo tanto, la puntada al hilo que podría dejar firme la prenda consistiría en tener la muñeca o suficientemente hábil como para que sumar actividades nunca desplacen los usos que justifican la existencia de estos lugares de todos.
¿Es eso sencillo?
Cada vez que nos vemos en estas dicotomías, solemos investigar qué experiencias enfrentan otras ciudades del mundo ante casos similares.
En París, el modelo ya se consolidó. Hay kioscos y cafés en parques. Lo tienen el Luxembourg y el Tuileries. Son concesiones temporarias que incluyen sanitarios y mobiliario, con canon para la municipalidad.
Londres autorizó que pequeños rincones del Hyde Park y Regent’s Park tengan cafés y restaurantes administrados por concesionarios privados. Allí, cumplir normas de preservación patrimonial y ambientales no es llenar un simple formulario. Ningún concesionario puede pasarse de la raya en cuanto a la higiene y presencia del bello lugar que los rodea.
Un caso parecido: la gran dimensión del Central Park y el Bryant Park de Nueva York hizo bastante sencilla la incorporación de bares y restaurantes concesionados. Como pelean por mantener clientela, suman todos los servicios que pueden. Se imponen el Wi-Fi y los sanitarios. Y para complementar equilibradamente el contrato que les aceita el negocio, incluyen mantenimiento de áreas verdes del mismo parque.
En Amsterdam, el hermoso parque Vondelpark ya tiene cafés y espacios culturales privados entre sus senderos, integrados a la dinámica urbana. Pero nada es fácil ni regalado, porque el control municipal es feroz.









