• Diario 5 -Buenos Aires, martes 23 de junio de 2026

La Argentina no tiene incorporada a la Noche de San Juan entre sus señas distintivas como sí España y otros países del hemisferio Norte. Pero podríamos arriesgarnos a asegurar que la fecha mantiene vigentes ciertos rituales de fuego y purificación.

La tradición invita a dejar atrás lo viejo y abrir paso a lo nuevo.

En las localidades de Escobar o Ingeniero Maschwitz se organizan quemas de muñecos conocidos como “Judas”, símbolo de liberación y comienzo de etapa. También se escriben deseos en papeles que luego se arrojan al fuego, como acto de manifestación.

El frío del invierno porteño obliga a adaptar las costumbres: muchos reemplazan el salto de la hoguera por siete saltos sobre una vela, o guardan bajo la almohada hojas de laurel, romero o un cuarzo rosa para atraer prosperidad, limpieza energética o paz interior. El agua, protagonista en el hemisferio norte, aquí se limita a rituales menores en ríos o lagunas.

Los orígenes de la fiesta son paganos, ligados al solsticio de verano europeo, y luego el cristianismo la vinculó al Día de San Juan Bautista, el 24 de junio. En la Argentina, la celebración se resignificó: menos masiva, más íntima, pero siempre con el fuego como elemento central.

Siempre se buscan motivos para considerar que un ciclo puede cerrarse y encontrar espacio para comenzar otro. La Noche de San Juan cumple con la premisa. Es una tradición que, aunque discreta en nuestro país, encuentra lugares y personas que la cumplen y siguen encendiendo hogueras, reales en plazas y barrios o simbólicas, en la intimidad de los ámbitos privados.

 


 

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