
La vieja pasarela de hierro que cruza las vías del Ferrocarril Sarmiento en Caballito es una postal que todavía guarda la memoria de la calle Cucha Cucha, hoy rebautizada como Federico García Lorca en el tramo entre Rivadavia y Neuquén. La obra del nuevo paso bajo nivel avanza sobre ese mismo sector, transformando la conectividad del barrio y eliminando una de las barreras ferroviarias más tradicionales de la Comuna 6.
Antes de hacer bromas con el nombre “Cucha Cucha”, conviene recordar su origen: se trató de un combate librado el 23 de febrero de 1814 en Chile, donde las fuerzas del sargento mayor Juan Gregorio de Las Heras derrotaron a los realistas. Era, por lo tanto, un homenaje a una batalla de la independencia argentina. Los argentinos amamos a Federico García Lorca y su vínculo con Buenos Aires, pero no debió sacrificarse el recuerdo de una gesta patriótica para rendirle tributo. Ni siquiera por un tramos de doce cuadras. Se pudo haber encontrado otra calle para su nombre, manteniendo viva la memoria de Cucha Cucha.
Se construyen rampas de acceso y la estructuras ferroviaria tendrá una etapa de base delicada, por lo que, durante un tiempo, los trenes circularán a velocidades muy mínimas. Se prevé iluminación y áreas de juegos. La zona va rumbo a un cambio importante con el paso bajo nivel García Lorca, que será de mano única. Se espera mejor conectividad, reducción de tiempos de espera, menos riesgos viales y menor contaminación por vehículos detenidos.
No hay lugar a confusiones.
Estamos a favor de toda mejora urbana.
Incluso, quizás, haya otros puentes peatonales en tantas obras similares que también hacen falta y la población espera. Pero la amalgama de belleza y nostalgia que emana de una pasarela de hierro forjado que cruza las vías en barrio porteño, deja esa sensación de eternidad que puede llegar a barrer con todos los asombros que disparan las grandes obras de vanguardia.










