• Diario 5 -Buenos Aires, miércoles 18 de febrero de 2026

Lo recordamos cada año en nuestro medio y nuestras producciones hermanas. Cada 7 de noviembre, la Argentina rinde homenaje a una de sus tradiciones más queridas: el oficio del canillita. En todo el país, los diarios impresos hacen una pausa en señal de respeto por aquellos voceadores que, durante más de un siglo, fueron los mensajeros de la noticia y la voz viva de las ciudades.

Ya no es una anécdota novedosa la que relata que el término canillita nació con la obra teatral homónima de Florencio Sánchez, estrenada en 1902, que retrataba a un niño de piernas flacas —canillas— corriendo por las calles porteñas para vender los diarios del día. La figura cobró fuerza en Rosario, en 1898, cuando Lisandro de la Torre fundó La República e impulsó el sistema de venta ambulante que acercó la información al público como nunca antes.

Desde entonces, el canillita, más que un vendedor, se había convertido en un mediador entre el barrio y el mundo. Los kioscos se convirtieron en puntos neurálgicos de la vida urbana, donde la rutina, la conversación y la actualidad se encontraban en un mismo mostrador de chapa y papel. A nivel económico, el valor de un kiosco de revistas bien ubicado, se codeaba con el de una propiedad inmueble de gran importancia.

Ya con la expansión de internet y las redes sociales, todos vimos que el negocio tradicional de los kioscos de diarios comenzaba a transformarse. La caída en las ventas de ejemplares impresos, acentuada desde la década de 2010, llevó a muchos kiosqueros a reinventarse: hoy venden café, golosinas, cigarrillos, artículos escolares, recargas y hasta servicios de paquetería.

Aun así, el kiosco sobrevive como punto de referencia barrial. Y en esos estantes, que el papel sigue siendo un objeto cultural no es una metáfora: algunos se reconvirtieron en pequeñas librerías, puntos de venta de revistas especializadas y hasta distribuidores de publicaciones independientes. El kiosco resiste, adaptado, pero con la misma vocación de cercanía.

De manera que cada 7 de noviembre, en homenaje a Florencio Sánchez y a los trabajadores del rubro, no se publican diarios impresos en la Argentina. El feriado para el sector fue oficializado en 2009. Como con tantos otros aspectos del devenir de la vida cultural argentina, la importancia los canillitas en la historia de la prensa y en la construcción de una ciudadanía informada, no es menor.

Mientras hoy la noticia tiene incontables formas de llegar a todos. el Canillita es la persistencia de una voz, esa que resonaba en las esquinas. Hoy los kioscos lucen distintos. pero sasi ninguno cerrado por obra y gracia del aggiornamiento, aunque sin los bultos de diarios que llegan de madrugada. Descanso canilla. En redes y medios se multiplican los homenajes. Se imponen las fotos de kioscos históricos y los recuerdos de una época en que el diario era el primer contacto con el mundo.

 

 

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