El título se refiere a la posibilidad de que las personas que ignoran el concepto de República, lo aprendan y comprendan que se podrá estar frustrado al ver que el líder a quien han apoyado y aún lo hacen, enfrenta a una sentencia desarticuladora pero no debe pasarse jamás el límite racional que ubica a los tres Poderes de la Democracia en su lugar correspondiente. En el ámbito político, ya nadie debería seguir perdiendo el tiempo en explicarle a un terco por qué no corresponde que se voten los jueces. Si la Constitución no te gusta, intentá llamar una constituyente y cambiala. Mientras tanto, respetala.

La confirmación de la condena a Cristina Fernández de Kirchner por parte de la Corte Suprema de Justicia de Argentina parece haber agrandado la profunda división que ya está declarada en la sociedad argentina. Estas reacciones reflejan tanto apoyo como rechazo, y reavivan el debate sobre la justicia y la política en el país.
¿Y qué es lo que discutimos? Porque si la discusión es que los jueces no son democráticos o que deberían -como muchos «piensan»- que deberían ser elegidos por el pueblo, hasta aquí llegó la discusión. Si vamos a pensar que los jueces de un país deben responder al «mandato popular» es no entender ni mínimamente de qué se trata la Justicia: Menos aún qué representa un Poder Judicial.
Si las reacciones sociales y políticas tiene mayor peso que las institucionales, tampoco entendimos un pito a la vela. En apoyo al fallo, sectores cercanos al gobierno, al Pro y a las expresiones políticas no peronistas, libre de lazos afectivos con la ex-presidente tomaron la sentencia como un avance en la lucha contra la corrupción.
Realmente, ciertas simpatías políticas basadas en lo atractivo de su folklore, pueden desencadenar problemas realmente mayores. Por supuesto que nada detiene a algunos inversores y analistas económicos que mostraron «optimismo», interpretando la decisión de la Corte como un factor de estabilidad política que podría favorecer la economía nacional. En términos estrictos, esa celebración no conlleva a una mejora real de la condición sociocultural de la nación. Todo lo contrario: es una forma de responderles con un pulgar hacia arriba a quienes desde hace unos 14 años fogonean un conflicto interno de características repudiables.
Del otro lado, naturalmente, rechazo y movilización: El kirchnerismo convocó a movilizaciones en diversas ciudades, para seguir a Buenos Aires: La Plata, Tucumán y Córdoba tienen zonas «en alerta» para expresar su desacuerdo con el fallo. Lo singular es que Líderes como Máximo Kirchner y dirigentes sindicales encabezan estas protestas, calificando la sentencia de persecución política, aunque ninguno alza su voz para dar a entender algún motivo claro que contradiga las pruebas sobre las que se basa el fallo condenatorio en triple instancia.
En cuanto a las reacciones internacionales, es natural que medios internacionales destaquen el carácter histórico y libre de precenentes del fallo. Por ejemplo, Bloomberg, en un análisis bastante obvio, señala la inhabilitación perpetua de Kirchner como un mensaje claro sobre los límites de la corrupción en la función pública .
Efectivamente, hay encuestas y opinión pública. Las primeras surgidas de trabajos de estadística más o menos serios, confirman una sociedad argentina profundamente dividida respecto del fallo. Un estudio de la consultora CB indica que, aunque hay un respaldo mayoritario al fallo, persiste una fuerte polarización en torno a la figura de Cristina Kirchner y su legado político .
¿Perspectivas políticas? Todo lo que se diga como certeza comprada, puede pasar a la «enclenquez» en un pase mano. La condena tendrá un impacto en el panorama político argentino como nadie puede imaginarlo. Por un lado, ha debilitado al kirchnerismo como fuerza electoral, especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde se estaba armando la campaña para esa candidatura de Cristina Kirchner a diputada provincial u qie, ahora, no podrá llevar adelante. Por otro lado y por ahora, el que cree que se ha fortalecido es el oficialismo, que tiene miembros bastante desahogados, exultantes y payasoides que celebran el fallo como un supuesto triunfo para su proyecto, como si se tratara de que la agrupación que comanda la Rosada hubiera tenido algún tipo de mérito histórico o coyuntural respecto de la lucha contra la corrupción.
Cada poder en su lugar. Y empecemos a pensar en enseñar Republicanismo en los colegios. Ya estamos en un cada vez más alto nivel de personas jóvenes que no saben absolutamente nada sobre institucionalidad y desconocen de qué se trata la Constitución Nacional. Siempre se está a tiempo para aprender.














