
El acceso al agua potable suele darse por sentado, hasta que aparece una interrupción del servicio. No se hadado nunca que se corte el agua por una situación de escasez, aunque deberíamos imaginarlo y pensar previsiblemente. Cualquier cosa «rara» puede suceder en cualquier lugar «normal».
¿Buenos Aires es un «Lugar normal»?
Listo. Ya está planteado. A buen entendedor…
Tomar fuerte conciencia de que el agua es un recurso limitado cuya disponibilidad depende de una infraestructura, máximo cuidado de las fuentes y un uso básicamente responsable, no le viene mal a nadie.
Usando conceptos de Charly García, las pérdidas en instalaciones, cierto derroche doméstico y la contaminación eterna son el mundo que tira para abajo y por el que es mejor no estar atado a nada.
Los cursos de agua non-sancta diluyen cualquier proyecto que exige planificación permanente. Ahorrar no significa renunciar a la higiene ni a la calidad de vida. Más bien, evitar consumos innecesarios y reparar fallas.
Una cosa es que el agua sea incolora, inodora e insípida. Otra, que se considere una cosa obvia. Como si conseguirla fuera un proceso automatizado.
No es algo «obvio».
No es obvio.
Si nos autopercibimos (insoportable palabrita) nna ciudad preparada, necesitamos redes de distribución confiables. Pero antes de eso deberíamos asegurarnos de poner en marcha una cultura que -por lo menos- reconozca el valor del agua.









