
CABA arma su propio ejército de barrotes. Ciento veinte pibes y pibas, entre dieciocho y veintinueve, se meten al ISSP a bancarse un año de internado para salir con chapa de oficiales penitenciarios. Tecnicatura, derechos humanos, mediación… todas buenas. Pero lo que vibra es la idea de que van a custodiar a los guardados en las nuevas alcaidías.
Jorma se despacha con: “Mal día para los delincuentes”. Casi a mi estilo. Celebro. Marca personal a los que arruinan la vida ajena. Esto no es Netflix, amigos. El tipo mete el duetto Ley y orden y -por mucho que suene dark- la mayoría se lo devora como trufa al caviar y en silencio.
¿Que si es ideológico?
Je!
¿Cuántos bebotean con el delito y después, para cuidar su casita y su familia, hard hand?
Siempre rapidonga, la catervita de falso grepo se muestra horrorizada. Pero respiran trankas con el predio de Soldati: doble alambrado y cámaras que te siguen hasta el bostezo.
En cuanto a la vida de cadete, de arranque, internado; tiempo de cursada semanal y final con fanfarria. Cuando tu vocación triunfa, no lo iguala ni un gol de la Scaloneta. Título y uniforme para los chochamu’ y BA se carga el lujete de anunciar que debuta en la custodia de sus sopresatas con fuerza penitenciaria moderna.
Anduvimos junando: celdas reforzadas, videovigilancia y un complejo de 42 mil metros cuadrados. Un rati gomía lo bautizó Tumber shopping.
Aceptamos que no todo lo flamante es glamoroso. Y la volanta que le banco a la noticia es: “Pintó nuevo servicio penitenciario porteño sobre los hombros de profesionales jóvenes». Y si hay que dejar los barrotes recién pintados, ahí pinto yo.
Un pabellón va para la fauna punga, mechera, guachín y chorirrata; zona para el level Picho y Mocho (*); mucho monitoreo para fulanos peligrosos; el área de cacos intelectuales, para boqueteros, escruchones, estafetas, tecnochirizos, etc y todo el espectro Narcográfico: capanga, dealer, transita y soldier. Habrá aposentos per tutti.









(*) Pibe chorro y Motochorro
