
Hay personas que suelen viajar junto a la puerta de salida de los colectivos.
Consideran que dejan espacio suficiente para el paso de quienes necesitan bajar.
No es así como debe ser.
La posición en la que se ubican bloquea la necesidad de otros para tomarse del pasamanos y mantenerse equilibrados y seguros justo en el momento en que el vehículo genera inercias riesgosas antes y al instante de detenerse.
Sabemos que viajar en colectivo en Buenos Aires puede tener sus incomodidades pero esta situación es muy irritante. Pararse junto a la puerta de salida y trabar el paso es cagarse en los demás y dejarlo en claro con la posición del curpo, casi seimpre de personas jóvenes en actitud desafiante o, a lo mucho, de «no me jodas».
También sabemos que cada día convivimo con mayor cantidad de trogloditas. No obstante, los cambios que mejoren una conducta humana en cuando al tema en cuestión, no debería ser tan difícil incluso para un cabeza de termo. No se trata se comprensión. Se trata del pálido placer que tiene la gente violenta de imponerse.
Esta puta costumbre de estos malditos multiplica el problema porque, aparte de entorpece la circulación de los pasajeros que quieren bajar y de impedir que las personas más débiles o mayores puedan tomarse de los pasamanos que quedan tapados por esos cuerpos inmóviles, dispara broncas en el resto del pasaje cuando alguien, con justa razón, se anima a reclamárselo.
La escena es cada vez más repetida. Ni siquiera hay que esperar a que el colectivo se llene y los pasillos se ocupen. En el cuadro de lindante la puerta doble de salida, e, la mitad de coche, se forma un muro humano de una sola persona que no se mueve ni cuando alguien pide permiso. Y a veces es peor: son dos. Uno de cada lado. Cada uno junto a su mitad de la puerta de salida. El resultado es que los que necesitan salir deben esquivarlos sin poder agarrarse de nada, exactamente igual que los que buscan sostenerse y continúan viaje, con una inseguridad innecesario evitable por la actitud molesta y peligrosa de un violento. El espacio que debería ser de tránsito se convierte en un obstáculo.
Depender de pequeños gestos se hace complicado cuando hay forros que no saben lo que es un gesto. Exponer a los demás a una caída es de dente de mierda. Bi qué hablar de la falta de consideración hacia adultos mayores, personas con movilidad reducida o madres con chicos pequeños. Su puta actitud revela su asquerosa ignorancia sobre la obviedad que significa respetar espacios comunes.






