• Diario 5 -Buenos Aires, lunes 16 de febrero de 2026

JM

El Gobierno de la Ciudad anunció con entusiasmo el inicio de las obras de modernización del Autódromo Oscar y Juan Gálvez, con la promesa de devolverle “nivel mundial” y hasta la posibilidad de recibir nuevamente a la Fórmula 1. La gacetilla oficial se autohalaga: boxes nuevos, torre de control, paddock moderno, pista ensanchada y tecnología homologada por FIA y FIM. Todo suena impecable en los papeles y, en lo inmediato, es positivo que el circuito mejore para albergar categorías nacionales y regionales, que son las que sostienen la actividad semana a semana.

Ahora bien, cuando se menciona la F1, la ilusión choca con la realidad. Traer la máxima categoría no depende solo de tener boxes relucientes o curvas rediseñadas. El canon que exige la Fórmula 1 para organizar un Gran Premio supera los 50 millones de dólares anuales, cifra que no se cubre con entradas ni sponsors locales y que suele requerir aportes estatales muy fuertes. A eso se suma la infraestructura urbana: accesos, hotelería, transporte y logística internacional que deben estar a la altura de un evento que mueve miles de personas y equipos de altísima complejidad. Buenos Aires tiene tradición automovilística, pero hoy no cuenta con un esquema financiero ni político que garantice semejante desembolso.

El MotoGP, en cambio, aparece como un objetivo más realista. Ya corrió en el país en Termas de Río Hondo y tiene costos de organización bastante menores. Recuperar esa categoría en el Gálvez sería un logro concreto y alcanzable, que además daría trabajo y visibilidad internacional sin comprometer las cuentas públicas en niveles imposibles.

En definitiva, modernizar el autódromo es una buena noticia. Y podría ser buenísima para el automovilismo argentino y para los que disfrutan de las carreras. Pero no seríamos honestos si no advirtiéramos que prometer la Fórmula 1 hoy se parece más al olvidado gesto de marketing político del menemismo que un proyecto viable. La Ciudad, por entonces, era un distrito dependiente de la presidencia. La aparición de una empresa privada que consiguió el permiso para explotar el autódromo a modo de concesión, desapareció apenas conformó que la parte del Estado «ya no iba a estar».

El Gálvez puede apuntar a fortalecer las categorías nacionales y regionales. Y si el día de mañana se dan las condiciones económicas y logísticas un poco más sólidas, recién entonces pensar en volver a recibir a las categorías rutilantes. Mientras tanto, celebrar las mejoras, sin alimentar ilusiones que difícilmente puedan financiarse.

 



 

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