
Lo que está pasando con las droguerías, los contratos millonarios y los vínculos políticos es el espejo perfecto de una clase dirigente que se recicla, se victimiza y se autoprotege, mientras el Estado funciona como una caja abierta para los amigos del poder.
Cristina Kirchner lo dijo con ironía y veneno: “Aplíquenle a Milei el mismo criterio que me aplicaron a mí con Vialidad Nacional.” Y lo cierto es que, si el argumento judicial contra ella fue que “no podía no saber”, ¿cómo se explica que Milei no esté ni siquiera incómodo mientras una sola empresa concentra licitaciones por más de 100 mil millones de pesos? ¿No era que venía a terminar con la casta?
Pero el kirchnerismo tampoco puede hacerse el sorprendido. Durante años perfeccionó el arte de la caja paralela, los contratos direccionados, los sobreprecios y los intermediarios con carnet partidario. Ahora se indigna porque otro hace lo mismo, pero con otro logo. Es como si se pelearan por quién tiene el copyright de la corrupción.
La Libertad Avanza prometía dinamitar el sistema, pero terminó tercerizando la salud pública en una empresa que juega sola, sin competencia, y con vínculos que rozan lo obsceno. El kirchnerismo, por su parte, se presenta como defensor de la transparencia justo cuando su historial está lleno de causas judiciales, condenas y silencios cómplices.
Lo que queda claro es que no hay grieta en el negocio. Hay continuidad. Cambian los discursos, pero el mecanismo es el mismo: concentración, opacidad, favores cruzados y millones que se esfuman mientras el ciudadano paga impuestos, espera turnos y compra medicamentos a precios inflados.
Y si alguien esperaba que la política argentina se renovara, este caso demuestra que lo único que se renueva es el nombre de las empresas en los pliegos. El humo es el mismo. Y la incapacidad, también.
La imagen destacada de esta publicación no es ninguna pieza de IA. Es un trabajo de tratamiento de luz realizado por el equipo de Edición Digital de Diario 5 de una fotografía real. En ella se observa una cortina de billetes de 10o dólares y, detrás, dos dirigentes argentinos expertos en defraudar a diversos sectores de la sociedad.






