• Diario 5 -Buenos Aires, jueves 29 de octubre de 2026

Diario 5

Buenos Aires, Argentina

Se trata del espacio natural para desarrollar sus raíces, extender su copa y cumplir su función ambiental. Efectivamente, volvemos con la problemática de los árboles en la ciudades. Especialmente, en la nuestra.

Densamente poblada y apretadamente construida, la urbe debe atender esa necesidad. Y debe considerarse desde el momento de elegir dónde y qué especie plantar. Ya lo sabemos: veredas angostas, instalaciones subterráneas y poca disponibilidad de suelo permeable.

¿Puede una decisión bien intencionada convertirse en un problema posterior?

Obviamente, es un riesgo que se corre siempre.

La respuesta a este y otros interrogantes afines, nunca consistiría en renunciar al arbolado, aunque hay casos de tanta destrucción de construcciones que la extirpación no debe descartarse de plano.

Siempre el mejor plan es planificar con criterios técnicos y mantenimiento sostenido. La validad de vida de los árboles mejoran las áreas urbanas. Y no resulta tan sencillo ni automático que se les reserve un lugar adecuado, porque convertirse en un problema serio cuando sus raíces invaden el espacio público es un destino que ya se observa en más del 2% de los individuos de madera.

Pipas, plátanos y ficus son especies que se plantaron masivamente sin planificación. Hoy, siguen levantando veredas, rompiendo cañerías y complicando tendidos de cables y servicios.

Las raíces invasoras tienen una fuerza expansiva que supera la capacidad de las baldosas y del asfalto. En Caballito, Palermo y Chacarita, las veredas quebradas y los desniveles peligrosos para peatones son moneda corriente. Los informes técnicos del Censo de Arbolado Urbano muestran que más del 20% de los ejemplares relevados presentan algún tipo de conflicto con la infraestructura.

El problema no se limita a la superficie.

Las raíces pueden obstruir desagües pluviales, dañar cloacas y romper caños de agua. En algunos casos, los costos de reparación superan ampliamente el presupuesto de mantenimiento de las comunas. La falta de coordinación entre áreas de arbolado y servicios públicos agrava la situación: se podan ramas, pero no se controla el crecimiento subterráneo.

Barcelona y Madrid implementaron planes de sustitución gradual de especies invasoras por otras de menor porte y raíces menos agresivas. En Buenos Aires, la discusión recién empieza. La elección de cada árbol tiene consecuencias a largo plazo y no puede reducirse a la estética o a la sombra inmediata.

Otra vez estamos ante un intríngulis cultural y técnico: urge reconocer que el arbolado urbano requiere de planificación sostenida, criterios de biodiversidad y control permanente. Se necesita un pacto ecológico entre nosotros mismos y solucionaríamos muchas cosas en simultáneo.

 

 








Por diario5