
¡A ver el mamonaje!, límpiarse las legañas que la repartición copó la parada y el rochaje anda recalculando a gamba.
El jueves a la tardecita se picó grosso el tofalas porque la Poli de la Ciudad metió un domingazo de aquellos con mil cien ratis en la lleca. Fue blindaje total que dejó a los amigos de lo ajeno con las ganas de hacer el choring routine.
Resulta que el mandamás JorMa, peló mapa del delito y tiró una línea bien gruesa: de un lado los laburantes que la reman y del otro la caterva de logis y malandras que la van de territoriales. Para marcarle la cancha al transaje y el punguerío, la yuta se instaló con todo el circo en diez nodos de trasbordo, nueve Metrobuses, autopistas y los puentes sobre el Riachuelo.
No se sabe si alguien gritó que el que avisa no traiciona, pero al bardo se lo entró a perseguir por metro cuadrado, complicándoles -amigablemente, claro- sus escondites falopoideos y otros indignos menesteres sostenidos a puro fierro mafia. El despliegue fue un sainete de tecnología y músculo con helicópteros zumbando arriba, drones vigilando azoteas, chatas, motos y unos pichichos de olfato premium que te huelen posta al merqueta aunque la tenga encanutada en la bóveda del chozno.
En los subtes, performance picante. La Divi se plantó con doscientos ratis en Retiro, Consti y Once. Hubo mucho trabajo por exceso de sospechosos. Cruzara el molinete con cara de casting para el penal de Devoto.
El operativo surprise desfiló también por la General Paz y Puente Alsina, Y pidiendo cartón con fotito por aquí y por allá, pintó suite enrejada para varios chitrulos que tenían cuentas pendientes con la justicia. Aquí, cero chamuyo onda Instagram ni jodita para el pirulaje. Data posta: En poco más de dos años, metieron más de mil cuatrocientos despliegues de saturación. Y recuperaron casi mil bulos que venían usurpeti por el guanacaje organizado. Con la Operación Muro y la Tormenta Negra, varias ristras de chorizo quedaron out of order, masticando bronca y preparando su regreso al ruedo, cual villano de historieta.
En tanto, la cana estrena chalecos y patrulla el pavimento para garantizar que los portadores de prontuarios duerman adentro. Así que a los que les gusta vivir al margen de las normas les cantaron yatá, y si no les cabe el orden, a llorarle a Edmundo Rivero durante la siesta la Gayola.
