• Diario 5 -Buenos Aires, domingo 7 de junio de 2026

 

Cada año es diferente. El Día del Periodista abre el juego para bucear en varios aspectos de la profesión, ya no tomando en cuenta que hoy la información circula más rápido que nunca, sino porque la agresión de gobiernos en el mundo al periodismo va in crescendo.

La actividad periodística nació para dar contexto, verificar, ordenar y narrar. Hoy, frente al océano de datos que ofrecen las redes sociales, el primer riesgo al que nos podemos enfrentar es que la noticia se convierta en ruido, que la mentira se disfrace de verdad y que la opinión se confunda con información.

La desinformación no puede ser una jodita de moda.

Las redes son un espacio de conexión inmediata, pero también de manipulación. Estamos frente a algoritmos que premian la viralidad por encima de la veracidad, usuarios que replican sin chequear y campañas de desinformación que se disfrazan de espontaneidad. ¿Cómo no esperar y  fomentar que el periodista siga siendo el filtro necesario? El periodista que asume su rol con la  responsabilidad que se requiere, contrasta fuentes, aporta contexto histórico y distingue entre un hecho y una operación antes de comunicar.

Es una tarea que se vuelve más urgente.

Informar no es repetir lo que circula en Twitter o en WhatsApp. Informar bien es intervenir en la maquinaria -cuasi sagrada, diría Carlos Allo-  de construir ciudadanía, de proteger a la sociedad de la manipulación y de darle herramientas para comprender el mundo. El periodismo nunca quedará reducido a ser un eco de las redes, porque -tarde o temprano- todos -o la mayoría que convence al resto- entenderán que están ante la voz auténtica que «ordena el caos».

La paradoja es que nunca hubo tantas posibilidades de acceso a la información y, al mismo tiempo, nunca fue tan fácil perderse en la desinformación. Por eso, el Día del Periodista -aparte de constituirse como un homenaje permanente a Mariano Moreno, motor intelectual fundacional de la Argentina y su periódico La Gazeta- es un clip en la agenda permanente para recordar que esta profesión sigue siendo parte de la sangre y la energía que alimentan la democracia, la memoria y la verdad.

 

 

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