
Se trata del momento más importante en el cuidado del arbolado urbano. Con la llegada del otoño, la Ciudad detiene las labores de poda estival para permitir que los árboles completen su ciclo natural.
La mayoría de los ejemplares porteños son de hoja caduca. En esta estación, los nutrientes se degradan y se movilizan desde las hojas hacia otras partes del árbol, que funcionan como reserva durante el invierno. Este proceso, conocido como senescencia foliar, culmina con la caída de las hojas y prepara la brotación de la primavera.
La veda busca no interrumpir ese mecanismo: si se podara en este momento, los árboles perderían la capacidad de acumular reservas suficientes para reiniciar su ciclo. Por eso, cada año se determina la fecha de inicio y fin en función del estado de los árboles y las condiciones climáticas. En 2026, comenzó el 13 de abril y finalizará cuando se complete la caída de las hojas.
Durante este período, los inspectores comunales continúan con la planificación de tareas de mantenimiento y extensión del arbolado. Una vez levantada la veda, se retoman las podas y luego se inicia la temporada de plantaciones, cuando las temperaturas favorecen la incorporación de nuevos ejemplares.
Es importante aclarar que la restricción no aplica a las podas de seguridad —como despeje de luminarias o cámaras de vigilancia— ni a situaciones de emergencia. Los vecinos pueden solicitar intervenciones o nuevas plantaciones a través de la aplicación BA Colaborativa o la web de Gestión Colaborativa del Gobierno de la Ciudad.
En definitiva, la veda otoñal no es un capricho: es una herramienta para preservar la salud de los árboles, asegurar su desarrollo y sostener un arbolado urbano más fuerte y equilibrado



















































