El hombrecito del azulejo: literatura y patrimonio dialogan en el Larreta

Siempre algo brilla en el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Independientemente de que en la actualidad, a muchas actividades culturales se las venda como «una experiencia singular», tenemos que conceder que Una tarde con Mujica Lainez – El hombrecito del azulejo lo es, más tomando en cuenta si el espectador está vinculado con la literatura o se interesa por ciertos temas que en Buenos Aires siempre están latentes, como las «formas» mismas de esta ciudad.
En la memdida de lo posible, se recomienda no perderse este encuentro este miércoles 25 de marzo (después del mega feriado) a las 15.00, dentro de la exposición El Azulejo en el Río de la Plata 1949-2026.
Vanesa David de Lima coordina esta actividad y propone un recorrido narrativo que enlaza el cuento de Manuel Mujica Lainez con piezas del acervo del museo. El itinerario se desplegará en tres momentos: el Patio Central, con el brocal de pozo; la Sala Sirio, donde se exhibe la muestra; y el Patio del Naranjo, que alberga un azulejo afín al personaje del relato.
¿Qué sensaciones despiertan los azulejos?
¿Ninguna?
¿O es que no las habíamos dejado pasar?
Por ahí pasará la posible reflexión colectiva sobre las imágenes en el final. Quienes se sientan preparados aportarán elementos. No es fácil para todos el intento de generar un espacio de intercambio entre literatura, arte y memoria.
¿Y la figura de Manucho Mujica Lainez?
Enhorabuena que esta propuesta también la rescata. Como suele suceder, se lo ama de manera creciente tras su fallecimiento.
Escritor central. Manuel integra el monumental círculo rojo de la narrativa argentina del siglo XX. En cualquier librería porteña, por ejemplo, los lomos con los títulos Bomarzo, Misteriosa Buenos Aires y El unicornio presentan un brillo que algunas personas de sensibilidad especial, alcanzan a notar. Lo de manucho siempre fue un juego genial de cuentos donde lo fantástico se amalgama con lo cotidiano.
De tener que nombrar cien, cincuenta, treinta o, quizás menos personalidades sobresalientes de la cultura en la Ciudad de Buenos Aires. el nombre de Manucho tendría el pulgar en alto de quienquiera que se erija como jurado. Era agradable verlo interactuar con quien o lo que él quisiera. Tuvo un vínculo con el patrimonio cultural porteño cargado de gracia y de su manera particular de entender la estética personal. Pero, sobre todo, de una profundidad que no aceptaría discusión de nadie: supo dar voz a objetos y espacios, convirtiéndolos en protagonistas de historias que aún dialogan con nuestra identidad.
El encuentro se inscribe en la tradición de tender puentes entre literatura y artes visuales, y en la necesidad de revalorizar el azulejo como elemento estético y cultural en el Río de la Plata.
Leer el cuento






