
La bella fotografía revela uno de los paisajes de inspiración más entrañables de Buenos Aires al servicio del tango. No es sólo por la poesía aportada por Homero Manzi a la composición de Aníbal Troilo en Sur, sino como un capítulo propio y completo de la cultura argentina toda.
En efecto, estamos viendo cómo era en la primera mitad de Siglo XX la intersección de la avenidas San Juan y Boedo, punto neurálgico de un barrio dotado de una extraordinaria vida propia y de una inmensa capacidad de generar aquella energía de intercambio humano a través de comercios amigables, un ir y venir de guardapolvos que auguraban un destino educativo auspicioso, vínculos vecinales abiertamente sociales y ese sentido de pertenencia que lanzan algunos sitios por solo pisarlos.
Sin dudas, hablamos de un sector que bien podría ser declarado «Zona Manziana». Definitivamente, nadie pintó aquellos suburbios y arrabales como Homero. Lo hizo -muy especialmente- en Sur, Romance de Barrio y Barrio de Tango. Pero Manzi es un sello de sí mismo que convierte tan en omnipresentes sus emblemas poéticos que es imposible no ubicar «de Boedo para allá» todos o casi todos los escenarios de sus historias. Una prueba: En El último organito, Manzi es tan Manzi que, aunque parece contar una historia mucho más humana que urbana, no puede dejar afuera del devenir de su maravilla melancólica, el marco que tanto lo cuadra:
Las ruedas embarradas del ultimo organitoVendrán desde la tarde buscando el arrabal
Y después, jaque mate:
Saludarán su ausencia las novias encerradascbriendo las persianas detrás de su canciónY el ultimo organito se perderá en la nadaY el alma del suburbio se quedará sin voz
¿Acaso nos resulta imaginable que, al apelar al arrabal y el suburbio, Homero estuviera hablando de Belgrano, Saavedra o Devoto? La impronta en la manera de hablar de su aldea es tan poderosa que, incluso en piezas absolutamente libres de todo enfoque paisajístico, al saber que viene de su pluma, nos resultaría inlograble evitar visualizar el barro, el cielo perdido y el terraplén.



















































