• Diario 5 -Buenos Aires, jueves 15 de octubre de 2026

Diario 5

Buenos Aires, Argentina

Como el arbolado urbano necesita una planificación para evitar improvisaciones, a la gran organización que controla el Ministerio de Espacio Público, se hace necesario poner en foco algunos de los elementos que podrían estar quedando alejados de las consideraciones centrales.

Los árboles. protagonistas centrales del paisaje porteño ofrecen sombra durante la temporada estival moderando el calor y contribuyen a mejorar el ambiente. Sin embargo, la convivencia entre las raíces, las veredas y las instalaciones urbanas exige decisiones cuidadosas. La elección de especies inadecuadas o la falta de espacio para su crecimiento puede terminar dañando las aceras y dificultando la circulación peatonal. El equilibrio no consiste en reducir el arbolado donde no es necesario. Todo es planificar, seleccionar ejemplares apropiados para cada lugar, acompañar su desarrollo y mantener.

En un trabajo práctico de una escuela pública, uno de los chicos de 6º grado tituló: «Una ciudad más verde también necesita veredas transitables». Aplauso, medalla y beso

Convivimos con más de 430 mil árboles de distintas especies. Su presencia no es solo estética: regulan la temperatura, mejoran la calidad del aire y forman parte del patrimonio urbano. Para administrar este recurso se desarrolló el Censo de Arbolado Urbano, una herramienta que permite conocer con precisión el estado de cada ejemplar y planificar su mantenimiento.

Pero no es perfecta. Centenares de árboles ya están en situación de extracción por el peligro edilicio que genera y la burocracia para conseguir el ok que habilitaría esa acción es, casi siempre, un dolor de cabeza para las personas que deben enfrentarse a este problema y sufrirlo a diario

Dado que el censo ofrece información geolocalizada sobre ubicación, especie, altura, diámetro del tronco y estado sanitario, la mitad de la pelea está ganada. Las autoridades ecológicas definen, con esos datos, planes de plantación, inspección y poda. También se estiman presupuestos y se priorizan intervenciones.

Pero no hay un departamento destinado a estudiar cuándo y dónde hay que retirar árboles.

Es cierto que la Ciudad ya realizó tres relevamientos completos: en 2001, 2010-11 y 2017-18. El nuevo y actual proceso comenzó en noviembre de 2025 tras una licitación pública, con el objetivo de actualizar el inventario y sumar tecnología.

Falta definir una dinámica de entrada y salida de árboles y no sólo de entrada

El servicio contratado incluye dos tareas principales: relevamiento ocular de todos los ejemplares en vía pública y espacios verdes, y provisión de software y plataforma web integrada al ecosistema del GCBA. Se prevé además una aplicación móvil para registrar datos en tiempo real y un sistema de gestión que permita mantener la información actualizada.

La nómina de censistas está disponible para consulta pública y el resultado del relevamiento se integra al Mapa Interactivo de la Ciudad, desarrollado junto a la Unidad de Sistemas de Información Geográfica. Allí se puede acceder a la información de cada árbol y visualizar la cobertura vegetal por barrio.

El trabajo se complementa con el Informe de Cobertura Vegetal, realizado mediante fotogrametría aérea. Esta técnica permite delimitar con precisión parcelas, manzanas y espacios verdes, y analizar la continuidad del arbolado, la relación con la densidad poblacional y los usos del suelo. También ayuda a identificar zonas con déficit de verde y a estudiar la conformación de pulmones de manzana.

Vamos bien con que la gestión del arbolado urbano se apoye en datos técnicos y plataformas digitales pero como su impacto es cotidiano, no podemos quitar el ojo a todos los detalles en juego: auxilio en verano, aire más limpio veredas transitables y -tan en boga en estos tiempos- barrios con identidad.

La sombra es reservada a la copa de los árboles. Las gestiones siempre deben dar luz.

Con las herramientas que demostró tener el gobierno, ya no es difícil mantener actualizado el diagnóstico y garantizar que cada árbol sea parte de una planificación que combine, por un lado biodiversidad y sustentabilidad y, por el otro, cuidado real de las estructuras edilicias, especialmente en las calles históricas, no tan anchas y con construcciones de ya clásicas que le dan el estilo de base a la Ciudad de Buenos Aires. Ambas consideraciones son calidad de vida.

 








Por diario5