• Diario 5 -Buenos Aires, domingo 1 de noviembre de 2026

Diario 5

Buenos Aires, Argentina

Cualquier persona con impronta urbana, o que llamamos «bicho de ciudad», observa y está capacitado para juzgar el estado cualquier sendero por el que circula. Las veredas son una infraestructura. Podrían ser la esencia mayor de la vida urbana. Estamos hablando del ámbito de circulación por excelencia. Personas que van al trabajo, estudiantes, familias, padres con cochecitos, adultos mayores y vecinos con movilidad reducida realizan la acción, mientras que el protagonismo lo tiene, sencillamente, el piso.

Cuando las vereddas están rotas, obstruidas o mal resueltas, un trayecto corto ya es un obstáculo. El mantenimiento puede pactarse como responsabilidad mixta entre el ámbito público y empresas privadas.

¿Es mucho pedir tener controles eficaces y atención a las necesidades de quienes caminan?

La accesibilidad no se consigue con una rampa aislada, si el recorrido continúa bloqueado unos metros más adelante. Una «ciudad caminable» pretende veredas continuas y seguras, Y, por supuesto, utilizables por todos.

En la Ciudad de Buenos Aires los vecinos en general no parecen tomar a las veredas como un tema de primera magnitud. Los sucesivos gobiernos porteños siempre supieron que la Dirección General de Obras en Vías Peatonales no representa un trámite administrativo más.

En la documentación oficial se indica que la misión de esta dependencia es “planificar, coordinar y ejecutar obras de reparación y puesta en valor”.  La realidad (en Buenos Aires y en cualquier ciudad del mundo) es que una baldosa rota, desnivel o vereda obstruida, en segundos se traduce en un riesgo concreto para una, dos o miles de personas. Siempre  puede haber adultos mayores que tropiezan, vecinos con movilidad reducida que no pueden avanzar o familias con cochecitos de bebé que se pueden ver obligados a bajar a la calle.

La responsabilidad es enorme y no admite descanso. Quien se haga cargo de esta función en una ciudad como Buenos Aires debería sentir el peso de cada obstáculo que convierte un trayecto sencillo en una odisea. Hoy es Mercedes Ferrari, la actual directora general. A alguien siempre le recae la responsabilidad de ofrecer accesibilidad y seguridad en las veredas porteñas.

Nunca fue sencillo el plan de que la ciudad sea caminable, de verdad, en todas sus vías peatonales. Menos aún que las veredas dejen de ser un mosaico de parches, porque la mayoría de las veces resulta imposible atender cuestiones de estética de pisos en veredas que, por ejemplo, acaban de sufrir una o más cirugías por problemas de servicios que circulan por debajo de ellas.

Con contar con una infraestructura coherente, mantenida y pensada para todos, habremos alcanzado el nivel generalizado de satisfacción. Cuando se asume que cada metro de vereda es un compromiso con la vida urbana, la misión está cumplida. No falla nunca: el ciudadano decidirse por un gobierno de ciudad con el estado de unos cinco o seis elementos urbanos específicos y uno de ellos son los caminos que la ciudad le ofrece para que camine

En la realidad el objetivo de la totalidad de vías peatonales perfectas no lo puede cumplir ninguna gestión. Y también está claro que ninguna dependencia con poder de caja puede limitarse a coordinar contratistas. En tal sentido, la exigencia siempre debe ser máxima.








Por diario5