Buenos Aires se prepara para recibir al Papa León XIV con un despliegue que pondrá a prueba su capacidad de organización y mostrará cómo la espiritualidad y el mercado se entrelazan en un mismo acontecimiento.

A qué nos referimos cuando remarcamos que la visita del Papa León XIV a la Argentina se perfila como un acontecimiento de doble impacto: uno es el principal. el. religioso. Pero hay otro y es el económico.
Mientras se montan escenarios y pantallas en Palermo para la Misa y la Vigilia de los Jóvenes, el movimiento comercial y turístico ya se siente en Buenos Aires, Córdoba y Luján.
Cortes de tránsito, despliegue de seguridad y servicios de emergencia. Además, se necesita una infraestructura de corte provisorio para recibir a millones de personas, empezando por los baños. La expectativa es que la convocatoria supere los siete millones de asistentes, con pantallas y sonido extendidos desde Olleros hasta el Monumento a los Españoles para quienes no puedan acercarse al altar.
En paralelo, el “efecto León XIV” dispara un negocio millonario. Llaveros, remeras, banderas y medallas conmemorativas se venden en Once, Flores y plataformas digitales. Los precios van desde estampitas por $1.500 hasta medallas especiales de $25.000. Las remeras con el rostro del Pontífice oscilan entre $19.000 y $36.000, mientras que las banderas alusivas rondan entre $5.000 y $8.000. El kit oficial de la Arquidiócesis de Buenos Aires cuesta $15.000 e incluye estampas y afiches para parroquias.
El turismo religioso siempre se activa.
En Luján, las búsquedas de alojamiento crecieron un 1.803% interanual y en Córdoba un 398%. Los traslados en micros desde distintas provincias parten de $50.000 y los paquetes con alojamiento en Córdoba superan los $250.000 por pasajero. Los hoteles ofrecen habitaciones desde $300.000 por noche y hasta los campings rondan los $50.000 por persona.
Las estimaciones apuntan a un movimiento económico de entre u$s300 y u$s400 millones durante los cuatro días de la visita, considerando alojamiento, transporte, gastronomía y consumo en artículos religiosos. El fenómeno recuerda al impacto de los fines de semana largos, pero multiplicado por la magnitud de un evento que combina fe, turismo y comercio.









