• Diario 5 -Buenos Aires, martes 22 de septiembre de 2026

Algunos árboles forman parte de la identidad de ciertos barrios porteños. No sucede con todos. Hoy es indiscutible su valor ambiental, especialmente porque modifican la temperatura de las calles, acompañan recorridos cotidianos y construyen paisajes urbanos reconocibles. Pero es conocido que el crecimiento exacerbado de determinadas especies, pueden traer múltiples complicaciones. Como estructura urbana, Buenos Aires tardó más de 120 años en comprender que nunca se controló adecuadamente la expansión de raíces de gran fuerza y su capacidad invasiva. Y aún falta conciencia y cultura acerca del tema.

Tarde aprendimos que los árboles también son parte real de la trama urbana. Durante más de un siglo se plantaron especies sin control, muchas de ellas con raíces invasivas que levantaron veredas, rompieron cañerías y complicaron el mantenimiento de calles y espacios públicos. Una histórica falta de planificación profunda dejó marcas visibles con veredas quebradas, cables expuestos y vecinos que reclaman soluciones.

Hoy el valor ambiental de los árboles es indiscutible. Atenúan el calor, mejoran la calidad del aire y construyen paisajes reconocibles. Pero el problema persiste: no todas las especies son adecuadas para convivir con la infraestructura de la ciudad. El crecimiento desmedido de tipas en las plazas de Belgrano no son tan nocivos como los plátanos. Y también hay enemigos de los ficus. Todo es muestra de que la elección de cada árbol tiene consecuencias a largo plazo.

¿Cuál es la clave?

Equilibrar la necesidad de sombra y oxígeno con la obligación de mantener calles transitables y seguras. La falta de cultura sobre el tema fue llevando durante décadas a decisiones improvisadas, con podas mal hechas y muchos reemplazos sin criterio. Recién en el S XXI arribamos a planes de manejo sostenido.

La discusión sobre el arbolado urbano ya no puede limitarse a la estética o al verde como símbolo. Se trata de pensar qué especies acompañan mejor la vida cotidiana, cómo se controla su expansión y qué políticas públicas garantizan que los árboles sean aliados y no un problema.