• Diario 5 -Buenos Aires, martes 10 de febrero de 2026

En esta redacción, Eric y Clara abonan la teoría de que "coleccionar es una forma de amar". Rubí y Chucho, en cambio , lideran a todo un grupo que apuesta a que ciertos rubros "coleccionables" pueden resultar una puerta a conductas alejadas al equilibrio emocional.


El coleccionismo acompaña a la humanidad desde siempre. Sellos, monedas, cómics, discos, fotografías, obras de arte, zapatillas, juguetes, autos antiguos: la lista es infinita. La psicología lo define como la necesidad de encontrar, seleccionar y compilar objetos que se consideran valiosos, una conducta que puede ser vista como afición, pasión o, en casos extremos, acumulación patológica.

Los especialistas señalan que coleccionar no es lo mismo que acumular compulsivamente. El coleccionista suele tener un criterio, una narrativa detrás de cada pieza, un orden que da sentido a su búsqueda. El acumulador, en cambio, pierde control y convierte la práctica en un problema de convivencia y salud.

La sociedad, sin embargo, mantiene una mirada ambivalente. Multitudes suelen admirar a quienes logran reunir colecciones únicas —como museos privados de arte, bibliotecas personales o archivos fotográficos— y reconocen el valor cultural de esas prácticas. Pero por otro lado, se tiende a caricaturizar al coleccionista como obsesivo, maniático o excéntrico. Esa tensión se refleja en el lenguaje: “fanático de los discos”, “loco por los autitos”, “maníaco de los sellos”.

El coleccionismo también tiene una dimensión emocional. Investigaciones recientes lo vinculan con el diseño de experiencias y la construcción del yo: la colección funciona como espejo de la identidad, un relato personal que se arma pieza por pieza. En ese sentido, coleccionar no es solo juntar cosas, sino dar forma a la memoria y al deseo.

En Buenos Aires, la cultura del coleccionismo se expresa en ferias de antigüedades, mercados de pulgas, encuentros de filatelistas y convenciones de cómics. Allí conviven el coleccionista meticuloso, que busca completar una serie, con el curioso que compra por nostalgia. Ambos son parte de un fenómeno que, lejos de ser marginal, atraviesa generaciones y clases sociales.

Como caa 7 de enero, los coleccionistas celebran su día.

¿Son maníacos? La respuesta depende de la mirada. Para la psicología, solo en casos extremos se habla de patología. Para la sociedad, el mote de “maníaco” es más bien un guiño irónico, una forma de nombrar la pasión desbordada. En definitiva, el coleccionismo es un espejo de cómo nos relacionamos con los objetos y de cómo construimos identidad a través de ellos.

 

 

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